jueves, 16 de diciembre de 2010

Terreno baldío


Algunos cuartos de esta casa dan a un terreno baldío. La gente suele usarlo como contenedor de basura. Pero no siempre fue así. Hace muchos años, cuando era niña, el terreno era una especie de pastizal. Todas las tardes alguien llevaba ahí a sus vacas. Me gustaba observarlas: balanceaban la cola, masticaban la hierba y mujían de vez en vez. Algunas veces creía que ellas también me observaban con esos ojos dulces que sólo las vacas pueden tener.

Pasaron los años y un día llegó una familia a vivir al terreno. Construyeron dos cuartos con tabique y techo de lámina. Meses después pintaron de verde la fachada de la casa. Los niños salían a jugar con carritos o a corretearse sin ton ni son. Tiempo después dedicaban las tardes a columpiarse; su padre les había construido un columpio con un mecate y una tabla en la rama del único árbol que había en el terreno.

Me gustaba espiar a la familia, escuchar el bullicio de los niños y la voz firme de su madre que los aplacaba mientras lavaba la ropa o los trastes en el fregadero que estaba junto a la puerta de entrada. En los días calurosos la familia se sentaba bajo el árbol, podía verlos gesticular. Imaginaba las anécdotas que contaban, y hasta suponía que a veces se decían que se amaban mucho.

Ocurrió una Navidad, el padre trajo un pino para sembrar. Lo vi cavar a unos metros de la casa mientras sus hijos entraban y salían llevando cajas pequeñas de cartón. Decoraron el árbol con esferas de colores y escarcha; hasta la noche descubrí que también tenía luces. En la Nochebuena rompían una piñata mientras escuchaban música a todo volumen. También había bengalas.

Un día la casa del terreno baldío quedó en silencio. Al principio pensé que la familia había salido de viaje, pero no fue así. Supuse que otra familia vendría a habitar la casa verde pero la puerta permaneció cerrada. Con el transcurso de los años la casa fue la que se mudó a pedazos: primero fue la puerta, luego los marcos de las ventanas, le siguieron las láminas del techo. Y paulatinamente los tabiques desaparecieron. Era como si un ejército de hormigas se hubieran llevado los muros de la edificación al confundirlos con terrones de azúcar.

Lo dicho, hoy el terreno baldío es un contenedor de basura. En tiempo de lluvias es casi tan verde como lo fue la casa, emana una combinación de hierba húmeda y putrefacción. En tiempo de sequía se incendia, entonces los bomberos llegan raudos a silenciarlo. El árbol que fue único creció torcido, tal vez por culpa del columbio: sus ramas reptaron, se hundieron y emergieron formando falsos árboles por doquier. El pino sigue ahí, inmenso; de adornarlo necesitaría muchas cajas de adornos y una gran escalera.

A ratos imagino que aquellos niños tienen ya sus propios niños, que adornan árboles en estas fechas, cortados o plantados. Quiero creer que recuerdan su casa verde de la infancia, el columpio improvisado, el fregadero exterior y el día que su papá plantó un árbol. Quiero creer que recuerdan a la niña que los espiaba por la ventana. Pues esa es la verdadera posesión, la de la cotidianeidad y sus objetos sencillos, las de las voces que sólo son un momento; todo lo que habita, fantasmagórico, en los terrenos baldíos de unos y otros.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Curaduría


1. De existir eligiría la profesión de visitador de museos. Elaboraría una lista de todos los museos del mundo, trazaría una ruta y pediría presupuesto a las autoridades pertinentes para cubrir el itinerario. Escribiría una bitácora, haría una maestría y un doctorado, y terminaría dando cátedra en las universidades de prestigio. Tal profesión existiría si tuviera alguna utilidad para la sociedad.

2. Desde niña me gustan los museos aunque ahora dudo sobre lo que de ellos me atrae. El fin último de la visita no es conocer lo que ahí se expone sino la posibilidad de entrar a las edificaciones de arquitectura diversa para caminar por los corredores, sin prisa, protegido de los elementos.

3. Sí, creo que me gustan los museos por el placer de admirar la composición: las salas inmensas o los laberintos, la iluminación indirecta, la tipografia de los letreros, las vitrinas limpias, los colores de las paredes, las texturas de las mamparas. Disfruto de la temperatura ambiente controlada, aunque me gusta más cuando hace un poco de frío: esa frontera entre la temperatura ideal y el tiritar. Camino dentro de los museos a veces con expectativas, pero casi siempre como un animal manso en espera de que algo lo sorprenda.

4. Desde niña me detengo a observar ciertas piezas. Quien crea que lo hago motivada por mi alto sentido de la apreciación, se equivoca. Sólo trato de grabar esa escena en mi memoria, pretendo poseer esa obra de arte para recreerla en los días venideros una y otra vez.

5. A veces temo sobre nuestra capacidad para detectar la belleza. Otras sobre si lo que he visto es realmente bello. Dentro de un museo la belleza, de alguna manera, está impuesta. Imagino una pieza de arte fuera de contexto: sobre mis manos, dentro del refrigerador, en la banqueta, sobre el cofre de un auto. Entonces me pregunto si ha perdido algo de su esencia lejos de los corredores, de las luces, de los letreros, del no tocar.

6. Suelo hacer cosas tan inútiles como la profesión inexistente de visitador de museos. Salgo a la calle y dedico un tiempo a imaginar que estoy en un museo. Camino lento y busco en los muros de las casas, cerca de las alcantarillas, en los rostros de los transeúntes, en los rines de los coches, o en la inmundicia de las banquetas alguna señal de los curadores invisibles. Busco la belleza prófuga de los cánones, la que olvidamos cómo detectar. Si la encuentro, la observo. Trato de grabar la imagen en mi memoria. Ocurre que alguna persona busca con su mirada lo que yo trato de poseer. Pero nada ve, pues no hay luces ni corredores ni letreros ni el no tocar. La persona sigue su camino. Yo sigo el mío, hasta la siguiente sala.

martes, 23 de noviembre de 2010

La piel dorada y otros animalitos (reloaded)


La primera edición de estos cuentos fue un homenaje a las erratas. La mayoría de los ejemplares se quedaron guardados. Me parece inútil imprimir una segunda edición; pero me hace sentir bien el tener en línea una edición "limpia":

La piel dorada y otros animalitos


Este es el adiós oficial al mundo de los cuentos.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Escritor/Escritora


Llegará el día en el que el género en las profesiones no tenga importancia, en el que el uso de la arroba no sea el guiño de la equidad. Pero ese día no ha llegado ni lo hará en corto. Lo que ha regido en siglos de civilización no se transformará en unas cuantas décadas. Son las reglas del juego.

Sí, llegará el día en que los roles no tengan género; en el que hombres y mujeres puedan elegir las actividades y los intereses que los hagan sentir plenos lejos de cánones impuestos. Pero mientras ese día llega resulta vital levantar la mano y señalar lo que ha de ser erradicado.

Hace unas semanas Gabriela Damián, escritora, escribió en su blog sobre el debate que siguió al artículo Extraños números de Fernando Escalante. Nada de lo que se dice en ambos artículos es novedad: escritores y escritoras, lectores y lectoras, lo sabemos. Sin embargo, como escritora, me complace descubrir que las estadísticas ocupan a algunos.

Observo que en mi agenda hay más nombres de escritores que de escritoras. Antes de creer que mis relaciones sociales padecen algún tipo de misoginia, reconozco que en ciertas profesiones el "ellos" posee la mayoría. He sido tallerista y sé que en los años venideros el porcentaje cambiará; siempre y cuando escritores y escritoras promovamos espacios para la creación y despertemos en las personas la urgencia por la lectura.

No creo que la literatura tenga género, resulta aberrante. Las letras de Yourcenar son más allá de que fueran escritas por una mujer; las letras de Faulkner son más alla de que fueran escritas por un hombre. Pero la palabra escrita sí tiene la capacidad de mostrar los géneros en un determinado contexto. Así lo hace Luis González de Alba en ¿Cuotas por género?. En su respuesta histérica a Escalante, González de Alba simpatiza con los clichés que debemos destruir. Quiero creer que su artículo era un ajuste de cuentas con Escalante (por motivos que los lectores desconocemos); pero le salió el tiro por la culata (me permito tomar un tono más "macho"). Si un miembro del Comité Editorial de la revista Nexos es capaz de escribir tal artículo, no es de extrañar que algunos sospechen que en la elección de articulistas "hay gato misógino encerrado"; y de que dudemos que Nexos sea una de las revistas de mayor prestigio intelectual en México.

El debate continúa, y continuará. Escalante respondió en Más sobre los extraños números, mientras que Alberto Chimal compartió su punto de vista en ¿El sexo de la escritura?

Como escritora, como escritor, creo que deberíamos ocuparnos de las letras; de lo que queremos crear con ellas, de lo que queremos comunicar con ellas, más allá de los brincoteos de la jauría. Si nos enfrascamos en competencias de animalitos en celo, la palabra escrita pierde su quinta esencia y se convierte en el reflejo detestable de lo que no hemos podido cambiar.

lunes, 1 de noviembre de 2010

Altar y "perritos"


1. A veces temo que los días sólo sean el eco de otros. Que lo que hago se convierta en un acto reflejo cotidiano; que recuerde las mismas cosas a horas precisas del día, o relate la misma anécdota desgastada a las mismas personas con falsos rostros de sorpresa.

2. Hervir la calabaza, oler el piloncillo, colgar el papel picado, sacudir las calaveras, llenar el plato con sal, vertir el agua en los tarros diminutos, encender las veladoras. Monto mi altar. Ahora evito ver los rostros de las fotografías. Estoy cansada de ver hacia atrás.

3. No tuve tiempo de ir al mercado de Mixcoac; lástima, me gusta comprar esos panecillos miniatura que venden junto al puesto de las flores. Compré mis flores con el vendedor de las flores de diario. La culpa se alejó con la lluvia que cayó en la víspera de noviembre. Este día de muertos me ha canjeado pan por flores, miniatura por lluvia.

4. Encontré "perritos" como los que había en el jardín de mi abuela, y en muchos jardines de casas chilangas. Conocí esas flores por ella: son perritos, ladran. Todavía puedo ver su mano al arrancar una de las flores de aquel racimo, acercarla a mi cara mientras presionaba la base. La flor "ladraba".

5. Los "perritos" son Antirrhinum majus, también se les conoce como flor de dragón. Pero sé que mi infancia, en el jardín de mi abuela, no podía ser de dragones sino de ladridos y diminutivos, de cochinillas y de higueras que "enguichan".

6. Ya no me acordaba de los "perritos". Mis recuerdos aún me pueden sorprender, si es que algo o alguien les enciende una veladora para que encuentren el camino de regreso. El olvido es inevitable, pero la posibilidad de postergarlo es suficiente. Dejaré que los "perritos" ladren, sólo hoy.

domingo, 31 de octubre de 2010

sábado, 30 de octubre de 2010

Los versos de Miguel Hernández inundan la Red


Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Miguel Hernández, poeta recordado en las Criptas al secundar la iniciativa de leer.es. Hagamos que la Red se inunde con sus versos.

Cancionero y romancero de ausencias
(fragmento)

Miguel Hernández, 1910-1942


[1]

Ropas con su olor,
paños con su aroma.
Se alejó en su cuerpo,
me dejó en sus ropas.
Luchas sin calor,
sábana de sombra.
Se ausentó en su cuerpo.
Se quedó en sus ropas.

[2]

Negros ojos negros.
El mundo se abría
sobre sus pestañas
de negras distancias.
Dorada mirada.
El mundo se cierra
sobre sus pestañas
lluviosas y negras.

[3]

No quiso ser.

No conoció el encuentro
del hombre y la mujer.
El amoroso vello
no pudo florecer.
Detuvo sus sentidos
negándose a saber
y descendieron diáfanos
ante el amanecer.
Vio turbio su mañana
y se quedó en su ayer.

No quiso ser.

[4]

Tus ojos parecen
agua removida.
¿Qué son?

Tus ojos parecen
el agua más turbia
de tu corazón.
¿Qué fueron? ¿Qué son?

[5]

En el fondo del hombre
agua removida.

En el agua más clara
quiero ver la vida.

En el fondo del hombre
agua removida.

En el agua más clara
sombra sin salida.

En el fondo del hombre
agua removida.

[6]

El cementerio está cerca
de donde tú y yo dormimos,
entre nopales azules;
pitas azules y niños
que gritan vívidamente
si un muerto nubla el camino.
De aquí al cementerio, todo
es azul, dorado, límpido.
Cuatro pasos, y los muertos.
Cuatro pasos, y los vivos.
Límpido, azul y dorado,
se hace allí remoto el hijo.

[7]

Sangre remota.
Remoto cuerpo,
dentro de todo:
dentro, muy dentro
de mis pasiones,
de mis deseos.

[8]

¿Qué quiere el viento de encono
que baja por el barranco
y violenta las ventanas
mientras te visto de abrazos?

Derribarnos, arrastrarnos.

Derribadas, arrastradas,
las dos sangres se alejaron.
¿Qué sigue queriendo el viento
cada vez más enconado?

Separarnos.

viernes, 29 de octubre de 2010

Mis muñecas, tus muñecas (2 de 2)


3. Bratz

Mi mejor amiga me regaló una Bratz, fue un deseo cumplido. No sé por qué me gusta la muñequita, es mi antítesis; tal vez sea su calidad de cliché o de caricatura. es casi la fusión de mi Lagrimitas y mi Barbie Malibu. Es una miniatura, no es mujer, no es niña. Pero sí es el estereotipo de muchas mujeres.

Esta muñeca representa una época, como lo han hecho otras muñecas. Me queda la duda de si los juguetes son espejo de una sociedad o son el canon que la diseñan. Me parece que es el mismo dilema del huevo y la gallina: ¿qué fue primero, mi vecina o la Bratz? En realidad deseo que la respuesta sea que las muñecas no hacen a las niñas, de ser cierto aceptaría que las mujeres son incompetentes. Si las muñecas hacen a las niñas deberíamos prohibir la venta de Bratz y todas las muñecas. Plasmar la certeza de la estupidez femenina en los anaqueles vacíos de las jugueterías.

El juguete, muñeca o no, debe ser el espacio donde cualquiera, niño o no, comunique sus inquietudes, sus deseos, sus temores y anexas de forma lúdica. Este espacio no debería tener fronteras ni géneros. La equidad de género tendría que iniciar en el ámbito del juego: juguetes unisex. No más "esto es de niños", "esto es de niñas"; sólo un "estos son juguetes".

4. The Sims 2

A mis 43 años sigo jugando con muñecas, pero virtuales. En los últimos años he construido generaciones completas de "muñecas". Es un espacio lúdico casi ilimitado. Y uno juega a las muñecas en una utopía.

De este juego disfruto la diversidad y la equidad que no vi en mis juegos de infancia. Y que sigo sin ver en juegos de hoy en día.

Todos deberíamos jugar con este simulador de vida, pero eligiendo una "muñeca" que represente nuestro opuesto, lo que nos es ajeno o aquello que nos provoque aversión. Bastarían unas horas de juego para descubrir que todos somos diferentes sólo en la superficie, como ocurre con las muñecas.

martes, 26 de octubre de 2010

Mis muñecas, tus muñecas (1 de 2)


1. Lagrimitas

No sé qué era lo más cautivador de esta muñeca, si su calidad de miniatura o el estribillo de la canción del comercial. Aquel "llora, llora y mueve sus manitas" fue el objeto del deseo de mi temprana infancia. Fui afortunada, la caja de Lilí Ledy apareció bajo el árbol una Navidad.

A la distancia no puede culpar a mi Lagrimitas ni a otro "muñeco bebé" de haber elegido la maternidad. O de llorar con un anuncio de televisión. Pero me queda una sensación de incomodidad en la asociación de lo femenino con la maternidad y las lágrimas. La muñeca Lagrimitas era una niña, no existía la opción de bebé varón; acaso porque en el imaginario colectivo de aquellas epocas "los niños no lloraban", aunque fueran bebés.

Algunos dirán que esos eran otro tiempos, que ahora las niñas pueden elegir el sexo de sus muñecas bebé. Algunos dirán que vivimos en tiempos de igualdad. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los niños no tienen la opción de elegir un bebé para jugar a la paternidad. Y todavía no he visto un G.I. Joe con el mecanismo de la Lagrimitas, que llore ante la devastación provocada por sus misiles de plástico.

2. Barbie Malibu

Los accesorios y la ropa no eran lo atractivo de esta presentación sino el bronceado perfecto de la muñeca que contrastaba con la cabellera rubia. Antes de la aparición de protectores y bloqueadores eficaces, y antes de que el cáncer de piel tuviera su estelar en la salud pública, el bronceado era sinónimo de belleza y de estatus. Y sigue vigente.

Nunca quise el cabello rubio pero sí deseé el bronceado de la Barbie. Tras años de sol, ampollas y cara de camarón aprendí cómo broncearme. Admito que fue una obsesión. Tuve una adolescencia Barbie: busqué bronceados, accesorios y ropa. Me contemplé en el espejo, dediqué horas a maquillarme, y sufrí al descubrir un kilo de más en la báscula.

El estigma Barbie quedó atrás, para mí. Muchas mujeres suelen quedarse atrapadas en él. No tengo nada contra el arreglo personal, "la belleza se agradece", pero dedicar la energía toda a ello es un desperdicio. El estigma Barbie transforma a las mujeres en simples ornatos. Un ejército de muñecas tiene todas las batallas perdidas. No imagino cuantas ideas se han ahogado en los mares de silicón. O cómo sería el mundo si desde hoy a los hombres se les impusiera el estigma de Kent: sean hermosos, luchen por su abdomen de lavadero, por sus biceps torneados y un sin fin de accesorios. Eso sería igualdad.

Continuará...

sábado, 16 de octubre de 2010

El terror


Uno busca justificar sus empatías. O simplemente darles respuesta. Llevo años consumiendo terror como si se tratara de una golosina. Busco en la plástica, en las letras. Los autores y los títulos se desvanecen en el torbellino, como ocurrió con aquel barco descrito en un manuscrito hallado en una botella.

La búsqueda es infinita. Cuando me fatigo me contento con sonreirle a los esqueletos que habitan esta casa. No me da pena decir que hablo con ellos. Su plática es más dulce que la de muchos habitantes de este planeta.

Leo, contemplo, sueño terror. Me resulta tan familiar y tan bondadoso como una rebana de pan. Mis amigos agusanados, mis amantes colmillo, mis no muertos que mueren una y otra vez. Están los aullidos, las puertas quejumbrosas y el ulular del viento. La humedad y la putrefacción perfuman los días.

Soy adicta al cigarro y al terror. Algunos dicen que es por genética. Otros dicen que la terapia jamás funcionó. Nada de esto es cierto. Soy adicta porque me sobra ansiedad y me ahoga la tristeza. Ira contenida, exclaman por ahí. Tal vez, la ira es sólo la imposibilidad de la resignación.

Puedo caminar en la oscuridad iluminada por los rostros de todos los entes que he conocido. En mis pesadillas no hay monstruos. El horror es en este lado del espejo.

Mi búsqueda continúa. Siempre en espera de descubrir el texto que me inquiete, la escena que me haga cerrar los ojos. Encontrar el terror que conmueva. Y camino los pasos del hombre lobo, del hombre de la laguna, de los fantasmas de azúcar, de los zombies tortuga, de los seres cósmicos. No hay nada patológico en ello. Lo dicho, el horror es en este lado del espejo.

Tengo vicios, son mi asidero; aunque en ellos late mi inmolación. El terror es más un vicio placebo para engañarme a mí misma. Lo tomo como cualquiera toma una cucharada de jarabe para la tos. Es un terror controlado, de autores e imágenes. Lo tomo para quitar la mirada del verdadero horror que escurre en las calles de todos. De otro modo este lado del espejo sería invivible.

viernes, 1 de octubre de 2010

Octubre

October
Robert Frost

O hushed October morning mild,
Thy leaves have ripened to the fall;
To-morrow's wind, if it be wild,
Should waste them all.
The crows above the forest call;
To-morrow they may form and go.
O hushed October morning mild,
Begin the hours of this day slow,
Make the day seem to us less brief.
Hearts not averse to being beguiled,
Beguile us in the way you know;
Release one leaf at break of day;
At noon release another leaf;
One from our trees, one far away;
Retard the sun with gentle mist;
Enchant the land with amethyst.
Slow, slow!
For the grapes' sake, if they were all,
Whose leaves already are burnt with frost,
Whose clustered fruit must else be lost-
For the grapes' sake along the wall.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Soup de Jour / Sopa del día


Conforme pasan los años en la red, uno elabora su menú personal. Páginas de literatura y pintura, sitios lúdicos, redes sociales y demás han sido clasificados en entradas y entremeses, platos fuertes, postres y bebidas. Nuestro menú se ajusta a nuestra "ingesta calórica intelectual".

A veces, con un poco de suerte, el chef invisible que habita en los servidores del mundo nos ofrece la Soup de Jour (sopa del día). La probamos. Su sabor reconforta y sorprende.

La ilustración Soup de Jour ahora es una sopa más en mi menú virtual. Vayan y saboreen el trabajo de Kristin Tercek, una auténtica delicia.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

La Huerfanita



Algunos niños cantamos La Rueda de San Miguel, Doña Blanca, Mandundirun o Arroz con leche; otros cantaron La Huerfanita. No conocía esta ronda infantil, es un coleccionable. Va:

Pobrecita huerfanita
sin su padre ni su madre
la echaremos a la calle
a que junte la basura
siempre la recogeremos
a que llore su aventura.
¿Qué pasa?

Cuando yo tenía a mis padres
me daban mi chocolate
ahora que ya no los tengo
me dan agua del metate.

Cuando yo tenía a mis padres
me paseaba en un tren
ahora que ya no los tengo
me pasean en un sartén.

Pobrecita huerfanita
sin su padre ni su madre
la echaremos a la calle
a que junte la basura
siempre la recogeremos
a que llore su aventura.
¿Qué pasa?

domingo, 19 de septiembre de 2010

1985-2010


Hago la parada, el taxi se detiene, abordo. Vamos al centro. Inicio la conversación. Las más de las veces disfruta platicar con los taxistas, tan llenos de historias. Tomamos el Viaducto, hay un poco de tráfico, no nos sorprende. Platicamos inmersos en los carriles de metal. De repente, a lo lejos, vislumbro un centro comercial. "Se llama Parque Delta" dice el taxista. "Pero ahí estaba el Estadio de béisbol" le digo yo. "Era la morgue" replica el taxista, "no tenían que construir esa cosa ahí".

El taxista me relata su labor en ese lugar. Tras el terremoto de 1985, por azar, se une al grupo que trabajó en la identificación de cuerpos en el estadio. Su relato es espeluznante. A casi un cuarto de siglo del suceso, el hombre lleva sobre los hombros el horror y el dolor. Me dice que todavía tiene pesadillas, ya no diario, pero sí cada tercer día. El hombre trata de borrar sus lágrimas con el dorso de la mano. Detiene la unidad. Está pálido. Le digo que los hombres sí pueden llorar. Le pido que haga algo, que busque ayuda, que nadie debe cargar tanta muerte. Sólo la ciudad puede, porque es inmensa. El hombre rompe en llanto. Afuera, los rines y los cláxones.

Llego a mi destino. Me asusta descubrir la fragilidad de todos los que caminan por esa calle, de todo lo que apunta al cielo sombrío del atardecer. Me asusta mi propia fragilidad. Me llega ese olor dulzón que flotó en la ciudad hace tantos años, culpo a las alcantarillas. Dejo encerrados a los recuerdos en los edificios que ya no están, en los que sí estuve; y cuyas ausencias no logran ser remplazadas por las luces neón de ningún centro comercial.

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Como un sol entre céfiros y trinos...

1. Esta hermosa bandera perteneció al Regimiento de la Muerte, organizado por José María Cos en 1811 para luchar contra los realistas. Dicho regimiento defendió la ciudad de Zitácuaro del ataque de las tropas realistas lidereadas por Félix María Calleja. El ataque se llevó a cabo el 2 de enero de 1812; ante la superioridadde los realistas, los insurgentes tuvieron que abandonar la ciudad.

Como en otras fechas festivas, los medios y su mercadotecnia terminan por convertir los festejos en metáforas muertas. A pesar de ello me empeño en decorar mi casa, y en cocinar los platillos propios de cada fecha.

Hoy, por ejemplo, no festejo por festejar. Rindo un mínimo homenaje a los personajes que en algún momento de nuestra historia llevaron su convicción hasta las últimas consecuencias. Porque he tratado, como mejor he podido, de sostener lo que pienso y de que mi hacer tenga coherencia con ello. Respeto a aquellos que lo hicieron; no podría escupir sobre sus tumbas.

2. No sé qué pensó Venustiano Carranza al elegir el mito Azteca para terminar de definir nuestro Escudo Nacional. Tal vez era un visionario y supo plasmar nuestro centralismo.

Llegaron entonces allá donde se yergue el nopal, cuenta la historia que terminaría en exterminio. Me gusta creer que en la bandera ondea la cosmogonía azteca: el ave, dios solar, que devora a la serpiente, dios que se sacrifica para crear a los hombres del maíz.

Pero a ratos siento que el inconsciente colectivo percibe la derrota de un imperio aunque este sea tan ajeno a lo que somos hoy en día. Acaso llevamos sobre los hombros un vergüenza que ya no nos corresponde.



3. Hace unos días esta caricatura causo revuelo en la red. Las posturas fueron encontradas. No veo la ofensa sino el horror de la verdad que sólo los caricaturistas pueden capturar en una imagen. Este no sólo es el México de hoy, la comunión del águila y la serpiente se ha visto postergada más de una vez. Basta leer nuestra historia, querer conocerla y comprenderla.

Detrás de la Fiesta del Bicentenario, del artificio que han creado los medios, los intereses políticos y económicos, están los individuos que habitan una misma geografía.

En este país respiro. Escribo mis textos en español. Es en estas calles de México donde he conocido a gente que quiero, a gente que respeto. Cocino los platillos condimentados que elaboraba mi abuela. Celebro esto, no a un gobierno. Celebro este lugar, donde transcurren mis días soleados y mis días nublados.

Según la simbología la lucha del águila y la serpiente no es otra sino la lucha entre la vida y la muerte. Somos los peones de esa batalla, no importa en qué lugar del mundo nacimos.

De lejos estuvieron mirando al águila
su nido de variadas plumas preciosas
Plumas de pájaro azul
Plumas de pájaro rojo

lunes, 13 de septiembre de 2010

El espejo bajo el agua


Hace algunas semanas mi sueño transcurrió en una locación ya conocida: una casa. La novedada radicaba en que, en el patio trasero, existían varios cuartos llenos de trebejos. Alguien abría las puertas una a una, una especie de portera, y me mostraba los nuevos espacios. Al principio sentí desazón al imaginar cómo diablos se podría limpiar aquel mugrero; pero al detener la vista en los objetos reconocí algunos como parte de recuerdos que se han diluído. Aun los cuartos, de características varias, eran lugares en los que estuve hace muchísimos años: el comedor de un departamento, el baño de la casa de una amiga, la zotehuela de un primer piso.

Mientras la portera me indicaba que había serios problemas de filtración en todos los cuartos, descubrí un espejo. O lo que había sido un espejo pues sólo algunos fragmentos se aferraban al marco de madera ovalado tallado. Las figuras barrocas sostenían un pergamino con un texto en una caligrafía perfecta, pero en un lenguaje que no entendí. Dije: tenemos que conservar esto, es vital saber lo que está escrito aquí. Y el sueño continuó con la inspección de mis propiedades descubiertas.

**

Noches después regresé a este mundo onírico. No había hecho caso de las filtraciones. La mayoría de los cuartos ahora eran inaccesibles, las entradas estaban a ras de piso, como si la tierra los engullera. Todos estaban inundados. Mas sentí alivio al descubrir el cuarto del espejo con el acceso disponible. Entré, los muros agrietados parecían fuentes y muchos objetos ya flotaban en el piso. Toda la devastación del agua se reflejo en el espejo inexistente de la pared al descubrir que la tinta había desaparecido del pergamino. Sentí un tremor, y salí. El cuarto se hundía.

**

Jamás sabré qué decía aquel texto. El espejo ahora yace bajo el agua. Tengo la certeza de que todos esos objetos ahogados son recuerdos que he perdido. Los recuerdos que poseemos son sólo un puñado. Esos que evocamos una y otra vez: "estos son mis recuerdos". El tiempo y el espacio no están acompasados. Al final elegimos las mejores fotos para el álbum, las otras se quedan guardadas en cajas de cartón o de lámina en espera de la devastación del agua. Creo que los sueños las amortajan.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Especial de Tarot en Guardagujas (segunda parte)


Ya está en línea la segunda parte del Especial de Tarot en el suplemento Guardagujas.

En esta ocasión no sólo celebro el que mis letras estén impresas. Leo los nombres de nuevos y viejos conocidos. El número no tiene desperdicio. Vayan y lean los rostros de los arcanos.

Luces a Edilberto.

viernes, 27 de agosto de 2010

Sincronicidad o ¡Chinga a tu puta madre!


Subo la escalera dando tumbos con las bolsas del supermercado. Recuerdo con saliva nostálgica la milanesa que comí la noche anterior. Tengo hambre. Lejos, en la memoria, están también las papas fritas y las voces de los amigos; y esa estúpida portada que me mostraron en la pantalla diminuta de un gadget que no logró disminuir en nada el absurdo de la foto. Abro la puerta, el teléfono suena frenético. Con los hijos revoloteando lejos de casa no puedo no contestar.

Corro, todavía con las bolsas, aún dando tumbos. La voz de una tipita me dice que hay un mensaje... La voz chillona, entrenada en el arte de la oratoria de pacotilla me dice que él también se preocupa por los hijos, por la salud, por la manga del muerto: ¡Chinga a tu puta madre! ¡Pendejo, a mí me valen madres tus hijos y tus festejos!

Silencio. Sólo tengo hambre. Es una infamia maldecir niños. Sólo es el hambre. Y el pinche miedo de que mis hijos anden revoloteando en esta ciudad, en este país.

Silencio. Pero sí: ¡Chinga a tu puta madre con tus discursos telefónicos! Creo que a mí me importan más tus hijos de lo que a ti, inepto, te pueden importar los nuestros.

Catarsis. Así es la sincronicidad. Me voy a preparar la cena...

jueves, 26 de agosto de 2010

Rubén Darío no llega a la Ciudad de México


Diversos países del mundo fueron invitados a disfrutar de las festividades organizadas con motivo del Centenario de la Independencia de México. Los gobiernos enviaron a sus representantes. Nicaragua elige a Rubén Darío quien viaja de Europa a La Habana, para de ahí transportarse al Puerto de Veracruz. Semanas antes el gobierno nicaragüense que le había asignado la misión diplomática había sido derrocado. Rubén Darío nunca llegaría a la Ciudad de México para unirse a los festejos del Centenario. He aquí su testimonio:


Resumiré. Al llegar a Veracruz, el introductor de diplomáticos, señor Nervo, me comunicaba que sería recibido oficialmente, a causa de los recientes acontecimientos, pero que el gobierno mexicano me declaraba huésped de honor de la nación. Al mismo tiempo se me dijo que no fuese a la capital, y que esperase la llegada de un enviado del ministerio de Instrucción Pública. Entretanto, una gran muchedumbre de veracruzanos, en la bahía, en barcos empavesados y por las calles de la población, daban vivas a Rubén Darío y a Nicaragua, y mueras a los Estados Unidos. El enviado del Ministerio de Instrucción Pública llegó, con una carta del ministro, mi buen amigo, don Justo Sierra, en que en nombre del presidente de la República y de mis amigos del gabinete, me rogaban que pospusiese mi viaje a la capital. Y me ocurría algo bizantino. El gobernador civil, me decía que podía permanecer en territorio mexicano unos cuantos días, esperando qué partiese la delegación de los Estados Unidos para su país, y que entonces yo podría ir a la capital; y el gobernador militar, a quien yo tenía mis razones para creer más, me daba a entender que aprobaba la idea más de retornar en el mismo vapor para la Habana... Hice esto último. Pero antes, visité la ciudad de Jalapa, que generosamente me recibió en triunfo. Y el pueblo de Teccelo, donde las niñas criollas e indígenas, regaban flores y decían ingenuas y compensadoras salutaciones. Hubo vítores y músicas. La municipalidad dio mi nombre a la mejor calle. Yo guardo, en lo preferido de mis recuerdos afectuosos, el nombre de ese pueblo querido. Cuando partía en el tren, una indita me ofreció un ramo de lirios, y un puro azteca: «Señor, yo no tengo que ofrecerle más que esto»; y me dio una gran piña perfumada y dorada. En Veracruz se celebró en mi honor una velada, en donde hablaron fogosos oradores y se cantaron himnos. Y mientras esto sucedía, en la capital, al saber que no se me dejaba llegar a la gran ciudad, los estudiantes en masa, e hirviente suma de pueblo, recorrían las calles en manifestación imponente contra los Estados Unidos. Por la primera vez, después de treinta y tres años de dominio absoluto, se apedreó la casa del viejo cesáreo que había imperado. Y allí se vio, se puede decir, el primer relámpago de una revolución que trajera el destronamiento. (La vida de Rubén Darío, escrita por él mismo, LXV, Fragmento).

lunes, 16 de agosto de 2010

Un sueño dentro de un sueño


Un sueño dentro de un sueño:

la poética de Edgar Allan Poe*

Erika Mergruen

Sueño primero: la traducción

Según Frédéric Gaussen, el sueño es el símbolo de la aventura individual, alojado tan profundamente en la intimidad de la conciencia que escapa a su propio creador. El sueño se nos presenta como la expresión más secreta y más impúdica de nosotros mismos. Imagino a la poesía como el conjunto de sueños de todos los poetas que han vivido, que viven y vivirán. Imagino al lector de poesía como aquel que se aventura a soñar el sueño de otro. Pero dentro de mis imaginerías están aquéllos que no sólo se limitan a soñarlo sino que se convierten en buscadores de sueños inaccesibles para el idioma de tal o cual soñador. Hablo de los traductores, los que añoran descubrir sueños nuevos, los que han de interpretar el sueño en un idioma para comunicarlo en su propia lengua; a veces como un acto egoista, otras más para compartirlo con su sociedad.

Se dice que no existe una justa interpretación de los sueños, a pesar de que la oniromancia se ha practicado en todas partes y en todas las épocas. Cualquiera puede extraviarse en el laberinto de símbolos que posee un sueño. El traductor lo sabe, lo reconoce y aun así se atreve a interpretar lo que otros sueñan.

En el caso particular de la poesía, el traductor debe determinar qué es lo que puede rescatar y qué será imposible de interpretar: el ritmo, la rima, el sentido, la musicalidad, la estructura.

El traductor de la poesía de Edgar Allan Poe descubrirá, con tristeza, que la musicalidad del inglés jamás podrá interpretarse en nuestra lengua romance, el castellano. El tintineo de la palabra Bells jamás encontrará la aleación exacta en nuestras sonoras “campanas”, pero tal vez Bells repiquetea más como nuestro “cascabeles” o el entrañable diminutivo “campanitas”. En la traducción las consonantes serán torpes, las eles y las eses cambiaran su color. El traductor nos ofrecerá un sueño dentro de un sueño, pero este es el único camino para intentar acariciar la voz del autor de “El cuervo”.

He escuchado comentarios sobre los ripios de los versos de Poe, sobre su sintaxis enmarañada y su vocabulario anquilosado. Estos comentarios inútiles han olvidado que lo que leen es la imposibilidad, que sólo queda arrebatar la esencia que el traductor ha logrado exprimir con su dedicación, con su amorosa necedad. Sí, se antojaría que cada libro de poemas traducidos se hiciera acompañar por un cedé que guardara el sonido de los versos en su idioma original. Se antojaría escuchar a Celan en alemán, a Pessoa en portugués y a Baudelaire en francés. Y sí, se antojaría leer en voz baja, cito, “con las campanas, campanas, campanas” mientras se escuchara un “of the bells, bells, bells” en el reproductor. Pero esto sólo es un sueño dentro de un sueño, porque no existe una editorial, o todas, decidiendo que esto sería un éxito comercial, que esta idea cubriría los costos de imprimir un libro, ya de por sí inútil, como lo es uno de poesía. Nos queda soñar dentro de la interpretación del traductor. Nos queda soñar en nuestro idioma el sueño de otras lenguas, hasta que lo útil deje de ser la prioridad y lo sea lo que es necesario: la poesía.

Sueño segundo: la dualidad del cuervo

Todavía hoy, a 200 años de su nacimiento, la leyenda negra de Edgar Allan Poe sigue vigente. Para muchos, el poeta es aquel alcohólico que narró su delium tremens, es aquel opiómano que transformó sus alucinaciones en cuentos, es el espíritu frágil que cantó a la muerte de la amada una y otra vez. En sus días, sus detractores intentaron empañar su imagen, y en cierta medida lo lograron. Pero basta abrir las páginas de su obra completa para descubrir la voz que trasciende.

El cuervo no es sólo su icono, sino la alegoría de su historia. Al igual que esta ave, Poe ha sido presa del cliché. La simbología del cuervo encierra todas la contradicciones. Por un lado es el ave agorera que anuncia la muerte y la desgracia. Es el mensajero de los dioses dotado de magia adivinatoria. Pero es también el héroe civilizador, el visionario y el profeta: es el ave solar que protege. Su sino aciago seguramente proviene de su color que se asocia con la noche, con lo oculto, con el inconsciente. Curiosamente, fueron las primeras civilizaciones las que lo dotaron de luz, pero hoy domina su simbología oscura.

Aquel que cruza el umbral es maldito, porque el que osa tocar la divinidad ha de ser rechazado por el resto de los mortales. Poe es el cuervo de muchos cuentos, de muchos versos, pero con la plenitud de su simbología. Es la voz poética que observa su entorno y que decide cruzar los umbrales estéticos, los umbrales temáticos, los espirituales y los terrenos. Es el ave que cruza el firmamento, que desciende al thanatos y asciende al eros. Es el ave poseedora de un punto de vista inmenso. Poe es el visionario y el profeta de las letras, es la voz que intuye lo que no se veía entonces o lo que aún hoy no se ha descubierto.

Sueño tercero: la poética del umbral

La palabra umbral significa paso primero y principal o entrada de cualquier cosa. Su significación esotérica señala el paso entre lo exterior y lo interior, lo profano y lo sagrado. Así contiene tanto la posibilidad de la alianza para el que lo cruza, como también la de la separación, para el que se queda al margen. La poética del umbral se manifiesta en toda la obra de Poe. La voz poética y los narradores de su prosa cruzan diversos umbrales. Transitan entre la vida y la muerte, entre el amor y la desolación, entre la naturaleza y las nacientes urbes, entre la realidad y la imaginación.

Estas transiciones develan nuevos estados o nuevos mundos. Así, el lector logra asir lo sobrenatural, la alienación, la impermanencia, la incertidumbre y la fragilidad latente en el universo todo.

A veces somos compañeros de viaje de la voz poética, para también ser descubridores de fantásticas geografías, como ocurre en “El país de los sueños”:

(...)
ha poco que a estas tierras he llegado
desde una sombría última Thule,
desde un clima extraño y fantasmal que se halla, sublime,
fuera del espacio, fuera del tiempo.

Otras veces nos adentraremos al territorio de la Muerte, como ocurre en “La ciudad del mar”:

Allí templos y palacios y torres
(¡torres devoradas por el tiempo, que no tiemblan!)
no se asemejan a nada que sea nuestro.

O tal vez nos asomaremos por las ventanas de “El palacio encantado”:

Y ahora los viajeros en aquel valle ven
por las ventanas de rojo iluminadas
vastas formas que se mueven fantásticamente
al ritmo de una discordante melodía...

El cruce de los umbrales es siempre sutil. Para cuando cobramos conciencia sobre los sombríos paisajes, las aguas quietas, las lunas varias o los serés fantásticos que acechan hemos recorrido ya camino guiados por una psique que no es la nuestra.

Sueño cuarto: el amor más allá de la muerte

En la sentencia del soneto de Quevedo, el amor se tranforma en polvo, mas polvo enamorado. La muerte no pulveriza el amor en los poemas de Edgar Allan Poe, sino que lo licuidifica. El amor se transforma en lo que Bachelard nombró como las aguas profundas de Poe.

Tras la muerte de la amada, la voz poética tendrá momentos de consuelo como ocurre en el poema “Lenora”, donde su espíritu:

...se arranca;
del infierno a un alto estado en el cielo;
del lamento y el gemido a un trono de oro junto al rey del cielo...

Al lado de Irene, la del poema “La durmiente”, la voz poética sublimará la muerte en belleza:

¡Oh, tú, dama gentil! ¿no tienes miedo?
¿Por qué y con qué estás ahora soñando?
¡Sin duda habrás venido desde mares distantes,
una rareza para los árboles de este jardín!
¡Extraña es tu palidez, extraño tu vestido!
¡Extraños, sobre todo, la longitud de tu cabello
y este silencio tan solemne!

Pero están los poemas donde la voz poética desciende hasta llevar su amor por la amada muerta a la alienación total. Este mundo de locura es el gran legado del autor, más evidente en su narrativa pero más sublime en su poesía. La escision de la mente proviene del hombre mismo y ya no de factores externos. El yo consciente y el incosciente se desdoblan. La alegoría más hermosa de este desequilibrio es el poema Ulalume. La más musical cobra vida en las letras ele de “Anabelle Lee”. Pero la más desoladora grazna en el nevermore de “El Cuervo”.

En “Ulalume” el bloqueo del recuerdo no es la sanación, sino un sueño sombrío:

Los cielos estaban cenicientos y apagados;
las hojas estaban quebradizas y resecas,
las hojas estaban marchitas y resecas...

El olvido de la amada es la atrocidad. La ausencia, disfrazada por un momento de esperanza y belleza, nos acerca a los valles sombríos que parecían ajenos, hasta que los muestra familiares, íntimos:

Entonces se tornó mi corazón ceniciento y apagado
como las hojas que estaban quebradizas y resecas,
como las hojas que estaban marchitas y resecas...

Pero están las voces poéticas que jamás logran olvidar. De la comunión del amor y la muerte nace la obsesión. “Anabelle Lee” es el canto de la desesperación velada, de la locura que lleva al amante a dormir noche tras noche en el sepulcro de su amada, deseando acaso la muerte o respirando la de ella. Sólo un amor que es más que amor puede llevarnos a este estado:

Era una niña y yo era un niño,
en aquel reino junto al mar,
pero amábamos con un amor que era más que amor,
yo y mi Anabelle Lee;
con un amor que los alados serafines del cielo
nos envidiaban a ella y a mí.

En “El cuervo” no encontraremos a la amada que se eleva a los cielos como la Lenora original, no admiraremos la belleza de la muerta durmiente, ni siquiera encontraremos el sepulcro que acuna el pesar. Sólo está la desesperanza, fría como el mármol de la estatua de Palas, fría como las lunas blancas de Poe. La amada se ha ido y no hay umbral que ofrezca el reencuentro. Es la nada, es la muerte muerta, es la pérdida absoluta de la belleza porque el “nunca más” del cuervo diluye la posibilidad, pero también el recuerdo. Aquí el umbral está en otra historia, se encuentra entre la razón y la demencia. Del lado de la razón se encuentra la voz poética, del lado de la demencia el ave y su voz imaginaria. Y cuando la puerta se abre: había oscuridad y nada más.

Sueño quinto: la muerte versus el tiempo

En la obra de Poe, pareciera que la vida y la muerte cohabitan en el mismo espacio. Si bien sentimos el poder destructor de la muerte, de “El Gusano Conquistador”, también encontramos a la “muerte viva”, aquella que le roba la belleza y el amor al paso del tiempo. La belleza no perdura, es el tiempo quien se encarga de diluirla. Y el enamoramiento sólo es un momento que se desgaja con el paso de los días.

Pero la muerte, sabedora del arte del embalsamamiento, los preserva; no en el mundo terreno mas en el recuerdo de quien ha admirado la belleza y ha sentido el amor. Y es así que el poeta puede evocar ambos, en sueños, aunque el tiempo siga su devastador recorrido:

(...)
¡sueños!, en su vívida imitación de la vida,
igual que en esa fugaz, vaga y nebulosa lucha
de la apariencia con la realidad que se acerca
a los ojos que deliran más cosas bellas
de paraíso y amor, ¡y todas nuestras!

Sueño final: la última Thule

La última Thule, la de los días sin fin en el solsticio del verano, la de las noches sin fin en el solsticio de invierno, es la isla que representa el límite septentrional de este mundo, más alla del cual hay otro mundo al que los humanos no tienen acceso.

La última Thule simboliza el deseo y la conciencia de lo extremo en lo que por naturaleza es limitado.

Es ahí, en el límite del mundo, donde Poe descubre sus mundos estéticos, retóricos y temáticos. Es de ahí de donde Poe llega a innovar la palabra escrita. Afirmo que el poeta no es el escritor de las vigilias del opio y el alcohol. No es la voz de un alma endeble. Él es el hacedor de sueños, el que manipula lo que la luz de la luna devela, pero también adereza la belleza que resplandece bajo la luz solar.

La voz del poeta se despeña, bajo la figura del cuervo aciago, hacia la muerte, la vida, la pasión, la alegría, la tristeza. Se hunde en los más profundo para robar el secreto de los dioses y entonces remontar el vuelo bajo la forma del cuervo solar, el mismo espíritu cuyo corazón posee las cuerdas de un laúd:

nadie canta tan extremadamente bien
como el ángel Israfel,
y las volubles estrellas (así cuenta la leyenda)
cesando sus himnos, atienden al sortilegio
de su voz, mudas todas.

Queda a cada quién soñar los sueños de Edgar Allan Poe, los de su poesía y los de su narrativa. Y cada quién señalará la ubicación de su Thule personal:

Guarda silencio en esa soledad
que no es aislamiento, pues entonces
espíritus de muertos que estuvieron
en vida antes que tú, vuelven a estar
en muerte en torno a ti, y su voluntad
te va a eclipsar: tú, quédate tranquilo.

* Publicado en la revista Parteaguas, enero 2010.

lunes, 9 de agosto de 2010

El iluminador

1
Así como sueño conocer San Petesburgo, sueño con conocer el medioevo. Claro que viajaría en el tiempo con algunos "ajustes". Iría al pasado como hombre, como mujer resultaría imprudente. Aunque me provoca la idea de ser señor feudal la verdad es que elegiría un monasterio para dedicarme a la iluminación. Así entre rezos y tareas cotidianas dedicaría horas en el scriptum para iluminar las ediciones por encargo.
Con claridad veo las vetas de mi mesa de madera, mis pinceles y los recipientes guardianes de los disolventes y los pigmentos.
Escribiría el texto con maestría, trazaría el marco, las florituras y la inicial. Iluminaría entonces el folio con minio, cinabrio, añil, ocre, azafrán... y sólo realizaría obras sagradas por el placer de emplear el oro de caracola.
Tras años en el oficio, años de plomo y arsénico, tal vez enloquecería. Entonces vería a los ángeles y al cristo crucificado revolotear en mi cuarto; o al demonio y sus tentaciones reptar por el piso. Abrazaría a los emisarios del cielo con mis estigmas; ahuyentaría a las bestias del infierno con el silicio. Pero nada evitaría que cada mañana me sentara frente a mi mesa para iluminar los libros, los mismos que serían exhibidos en los atriles de los privilegiados: monarcas, señores, eminencias.

2
Tal vez nunca iré a San Petesburgo. Y en el medioevo, con suerte, hubiera sido la esposa de un panadero. Seguro habría muerto de parto o de peste. Jamás hubiera leído un libro como la mayoría de los mortales en aquella época. Todavía peor, habría sido analfabeta -como muchos de los señores feudales. La ignorancia era un democracia. Leer era privilegio del clero; perdón, sólo del alto clero.
Hoy tendría que alegrarme que los incunables cedieran su lugar a los folios de la imprenta. Sin importar cuáles fueron las motivaciones verdaderas de Gutenberg, la industralización del libro cambió la historia. Quiero creer que los iluminadores también se alegraron en su momento, imaginando que la civilización toda tendría acceso a lo que sus ojos tuvieron. Ofrendaron, entre estigmas y silicios, su oficio en favor de la democratización del libro.
"Libros para todos" sería un buen eslogan, pero como tal posee oscuros resquicios. El libro no es la panacea universal, ni siquiera un disfrute cuando se usa como fuente de manipulación, de persecución, de demagogias, de especulación. Leer un libro o dos, o una biblioteca completa, no cura la mezquindad. La distancia entre ser lector y ser aprendiz es el abismo.

3
Nunca iré a San Petesburgo, pero lo he visitado en mi lecturas; y ahora en la red. También en la red he hojeado los libros iluminados que desearía haber hecho; he descubierto bibliotecas, proyectos de difusión, facsímiles, reproducciones, traducciones, textos interactivos. Y a ratos siento que el "Libros para todos" no es sólo un eslogan.
La red, como otras cosas en la vida real, son una pompa de jabón: tornasoleada, volátil, hermosa pero frágil. Cuando revienta, la realidad nos escupe a la cara.
La democratización del libro, de cualquier cosa, es una utopía. En México el 70 por ciento de la población no tiene acceso cotidiano a la red. El otro 30 por ciento, me incluyo, creemos ser el 100 por ciento. Desconozco los porcentajes del primer mundo y no quiero conocer los del cuarto o quinto mundo.
Aún más, en los últimos días este 30 por ciento intercambia puntos de vista sobre el iPad, si bien sólo un puñado podrá adquirir el mentado artilugio (aquí no me incluyo).
Cada quien puede hacer lo que quiera con su cartera; pero lo lamentable es que no todos pueden elegir qué hacer con una cartera vacía: el 50 por ciento de la población vive con un salario mínimo (1,600 pesos mensuales, sí, para todo un mes, en promedio). No encuentro la manera de cuadrar este poder adquisitivo con la tecnología que, en teoría, ofrece en bandeja de oro todo el conocimiento.

4
Conocer San Petesburgo no importa, sino la posibilidad de soñar que puedo conocerlo. Otros sueños se apagan, y cada día me cuesta más trabajo encenderlos, me cansa jugar al ave fénix.
Acaso en un futuro my lejano la red, el iPad, los libros electrónicos y demás avances de la palabra escrita estén a la disposición de cualquier par de ojos. Nuevas generaciones de iluminadores tendrán que extinguirse. Pero hoy no es posible. En algunos lugares los libros no son para todos, mas yacen en los atriles de los privilegiados: monarcas, señores, eminencias.
Escucharé las mismas frases hasta el cansancio: hay pobres, hay ricos, es la naturaleza humana, no esperes más nada, blah, blah, blah. Cuando me haya cansado lo suficiente dejaré de soñar en San Petesburgo; y seré señor feudal, allá, en el medioevo. Pero hoy no.

lunes, 2 de agosto de 2010

Agosto




AGOSTO
Federico García Lorca (1898 - 1936)

Agosto.
Contraponientes
de melocotón y azúcar,
y el sol dentro de la tarde,
como el hueso en una fruta.

La panocha guarda intacta
su risa amarilla y dura.

Agosto.
Los niños comen
pan moreno y rica luna.

martes, 27 de julio de 2010

Blog vs FB vs TT


Tras escribir un comentario, sobre el hecho de que uno siempre está solo, alguien contestó que con FB era imposible. Quiero creer que la respuesta fue una broma. De ser cierto, cerraría todas mis cuentas.

I
Uno siempre está solo. Es entonces, al aprehender este estado, que uno se asombra con todo lo que existe en el exterior. Las redes sociales son sólo ventanas diversas para contemplar un detalle de lo que está allá afuera. Estas ventanas son la proyección virtual de lo que somos y hacemos en la vida real, y de lo que desearíamos ser y hacer. Como cualquier ventana, las ventanas virtuales poseen límites lo que nos provoca la sensación de control casi absoluto; porque basta apagar la computadora, ausentarse unos días o borrar la cuenta para que un "paisaje" deje de existir. En la vida real los botones no son tan accesibles.

Desde la aparición de los blogs, los profetas de la comunicación surgen de debajo de las piedras. Los cánones y las recetas se escriben en serie. Los usuarios las leen con fruición. Así se ocupan del raiting, del número de seguidores o de consolidar una "multitud" de amigos. Se antojan pequeños depredadores de la comunicación, ávidos de popularidad virtual. Se alteran si alguien deja de ser su lector, si aquel los bloquea o no han sido incluidos en la lista de tal o cual. Al final, el comunicar, no es su objetivo; como ocurre en la vida real. Aquí las ventanas son espejos, son las más. Uno puede aprender del reflejo o contemplarlo a perpetuidad.

Están los usuarios que se mantienen al margen del "éxito" y crean círculos íntimos para contar su cotidianidad en un par de líneas, en entradas de blog o en un álbum de fotos; estos son mis favoritos. En las recomendaciones de un vídeo de música, de una animación o en un muestrario de letras, se crea una reunión de personas que poseen la misma tonalidad.

Atrás siguen los lúdicos que se pierden en las salas de juegos urgidos de nuevos contactos para crear granjas, restaurantes, imperios, mafias o convertir a todos en vampiros. Me uno a ellos, aunque lo mío son los juegos tipo "casa de muñecas". No me importa exhibir mi ocio, mi puerilidad me mantiene cuerda.

II
Blog vs FB vs TT, no hay mejor, no hay peor. Son diferentes. La moda es pasajera. Uno conserva las ventanas que le permiten ver, observar y decir.

No imagino mi vida virtual sin un blog, aunque mi dedicación aumente o disminuya según los meses, según los años, según la vida. Disfruto la informalidad de FB, es mi patio de recreos y un lugar de reencuentros. En cuanto a TT me quedo con el asombro de explorar el misterio de la brevedad o fluir en el vértigo de lo citadino en un TL.

Las redes no lo hacen a uno. Pero si esto ocurre sólo es el reflejo de la disfuncionalidad propia en la vida real. La red toma forma con lo que intentamos comunicar y con las respuestas de nuestros posibles lectores. Yo elijo qué decir en mi blog, quién juega conmigo en FB y el color de los 140 caracteres de mi TL. En estas proyecciones de mí misma, como en el mundo real, procuro cerrar las ventanas ante la estupidez y la mezquindad. Y recuerdo que uno está sólo y uno es más allá de la red.

lunes, 19 de julio de 2010

La mano en la tele de bulbos


Hace un par de semanas, en algún lugar de la red, vi la caricatura de una mano zombie. Entonces recordé una película que me causó oscura fascinación cuando era niña.

En lo que yo supongo era el canal 4, y como preámbulo de la programación habitual, se podían ver películas en blanco y negro. La de "la mano", la disfruté en la televisión de bulbos de casa de mi abuela. Creo que la transmitían con regularidad porque ella me avisó, más de una vez, que la presencia de "la mano" era inminente.

No recordaba el nombre de la película y menos del actor. Recurrí a Alberto quien posee una memoria cinematográfica privilegiada. Me bastó decirle que el actor tenía ojos de sapo y que aparecía en otras películas de terror para que me respondiera: es Peter Lorre.

La red nos dio otras respuestas, incluida la posibilidad del encore. The beast with five fingers (1946) está basada en un cuento, del mismo nombre, de W. F. Harvey. Semanas atrás, había descubierto al autor -y aquí asoman los cinco dedos de la coincidencia- en el sitio de Alberto.

Pueden seguir el recorrido de la mano aquí para descargarla. No necesitan una televisión de bulbos, pero les regalo mi recuerdo de la sala de la abuela: un salón lóbrego, con piso de duela, cargado de muebles de madera oscura, labrados, que creía parte de la tramoya de la mentada película; siempre custodiados por un Confucio de cerámica, más semejante a un duende, todo descolorido (como la peli).

También pueden leer el cuento por acá, en inglés (no encuentro una traducción en línea). Luego pueden dedicar los días a sospechar que la bestia está agazapada en cualquier rincón.

miércoles, 14 de julio de 2010

La venganza será de felpa


Todavía hoy quisiera saber a qué saben los pastelitos que Máshenka horneó en la casa del oso. También quisiera ver una isba con patas girando en alguno de los cuentos rusos. Pero aún tengo la duda sobre el final del primer cuento. Creo que el oso se sentía solo, y más que una esclava eficiente necesitaba algo de compañía. Porque ¿cómo pudo caer en la trampa que le tendió la niña si en realidad era un tratante de esclavos?

Decir que era un tratante es falso, jamás obtuvo ningún beneficio económico de la niña; sólo la certeza de que alguien lo esperaba en casa tras su jornada. Será que el corazón del oso, en el fondo, era tan suave y dulce, como imagino serían los pastelitos que horneó la niña. Era un oso que vivía en un bosque, lejos de las terapias grupales o de las sentencias de Freud; no supo comunicar sus necesidades.

Todavía hoy creo que el oso salvó a la niña quien no hubiera sobrevivido, sola, una noche en el bosque; pues sé que no todas las fieras hablan, viven en una choza y comen frituras.

Todavía hoy no quiero entender la moraleja de Máshenka, y menos aún la del oso con la pata de palo. Es un cuento breve que he releído hasta el cansancio. Desde niña, no he olvidado la melodía que compuse para la canción del oso. Es una lástima que los blogs sean silentes, podría tararearla para todos. Cada uno tendrá que componer la propia.

La tristeza del cric-cric-cric siempre nubló el sermón del "no robarás", minimizó el estigma del vengativo; pero mostraba la cobardía de aquellos viejos, los verdaderos depredadores de la historia.

En mi balanza de niña, la pata del oso me parecía más valiosa que los nabos del huerto. Y hubiese sacrificado a los ancianos con tal de oir la canción del oso durante unas páginas más. Enfin, no quiero entender.

Y así ocurre con ciertos cuentos y fábulas de la infancia. Uno no entiende, no quiere entender. Es una rebelión inútil. Es el anuncio de que lo que es justo e injusto es tan frágil como el papel de un libro viejo. Pero sucede que descubrimos que otros, un autor desconocido, han estado en lo mismo (o eso quiero creer). Sin preámbulo encontré, gracias a Jesús DeLeón-Serratos, la imagen precisa del final que mi infancia deseo. Todavía hoy lo deseo. Cric-cric-cric:

jueves, 8 de julio de 2010

Tras el vidrio

En vano he esperado que los otros se arrodillen en mi cornisa y toquen el cristal de la ventana para dejarlos entrar. Me he equivocado al pensar que son los otros los que estan afuera. Yo habito en un exterior de cuatro muros, con su cielo de tirol y sus lagos coladeras.

Así, me arrodillo en la ventana y toco el vidrio. Nadie abre. No puedo entrar afuera. Y todos los mundos que he imaginado escurren allá adentro. Unos serpentean en el tronco del árbol, aquellos crean mares al pie de los setos. Sé que los gorriones no huyen de la lluvia sino de los rostros verdaderos de los otros. Lo sé porque observo sus máscaras mitológicas reposar sobre las nubes.

Me arrodillo y busco una oración. Pero sólo recuerdo las rondas de la infancia. Rezo. Toco el vidrio. Y espero que los otros lleguen en cualquier momento y me inviten a entrar al infinito.

(Ilustración de nicoletta ceccoli)

viernes, 2 de julio de 2010

Este verano será Yin

Contrario a la creencia popular, a los habitantes de las criptas nos gustan los ositos de felpa. Si lo piensa no resulta del todo absurdo. Así como están los claroscuros, los contrastes en las texturas provocan el asombro.

Aquí en las criptas todo es sonrisa descarnada. No niego que las calaveras me provocan alegría. Aun mi fiel mayordomo, Roderico, me da energía (más semejante a una patada en el culo, pero movimiento al fin). Pero hasta yo me canso de astillarme las manos en los osarios y de titiritar con la humedad que late en el musgo.

Los esqueletos que colecciono son mi Yang. Los ositos de felpa, mi Yin. Hace años que exhibo a estos últimos, sin tapujos. Sin esconder mi innata cursilería. Soy huesos, soy felpa, Yin-Yang.

Este verano será Yin. Le he pedido a los durmientes que confeccionen un inmenso oso de felpa. Voy a vivir ahí.

La fragilidad me urge a esconderme dentro de una barriga mullida. Y no sé, acaso logre encontrar nuevos hilos para la trama y la urdimbre de mis historias. Tendría nuevos vecinos: diminutos ácaros tomarían el café conmigo (en la cripta los desdentados sólo beben polvo). O tal vez todas mis imaginerías serían las de una muñeca de porcelana en su nicho, o las de un tostador en su embalaje. Ya no hablaría de putrefacción ni de los dientes de Berenice, no más cuencas vacías, no más rechinidos de dientes. Dentro de mi gran oso de felpa todo sería sabor pan con mantequilla y hojuelas de piel muerta que los ácaros mastican. Si me diera sueño podría dormir en cualquier sitio: la pata izquierda, la garra derecha, los sesos de borla. Si me aburriera podría escalar a la cabeza y asomarme por los ojos de resina, para aprehender la mirada estoica de los ositos de felpa. Este verano será Yin. Sea.

jueves, 24 de junio de 2010

Palomitas de San Juan

Hace muchos años, por estas fechas, las vi por primera vez. Eso creo, la infancia no posee los mismos puntos de referencia en lo que a tiempo se refiere. Pero su nombre y el origen del mismo me permiten la afirmación.
Ahí estaban aquellos insectos alados, semejantes a astillas de vidrio verdiazul. Parecían los arcángeles que han de revolotear en el cielo de las hormigas. Mi abuela me dijo que eran palomitas de San Juan, que sólo aparecían cuando se celebraba al santo; y luego desaparecían, dejando como única prueba de su paso un reguero de alas quebradizas.

En el transcurso de los años he visto palomitas, pero nunca en enjambres como ocurría en casa de mi abuela. En ocasiones han entrado a mi estudio, tal vez porque la ventana está abierta y en dirección a un árbol. O tal vez porque las envía mi abuela desde el más allá.

Odio a los insectos. Los aniquilo. Pero los que son guardianes de mis recuerdos de infancia entran y salen, inmaculados, en esta casa. Ahora, la transparencia de las palomitas de San Juan semeja más a los fantasmas de todos los que se han ido. Los seres piadosos, mágicos, se fueron con la infancia.

Tras varias semanas de malestar, análisis, dudas y tratamientos, hoy es el primer día que siento que mi alma regresó a mi cuerpo (o bien mi cuerpo se aferró a mi alma). La enfermedad es la madre de todos los ocios y de todos los infiernos. Hace unos días recordé a las palomitas, a mi abuela y a la casa de la higuera. Recordé todo aquello que dejó de existir, como si abrazara lo inevitable. Entonces busqué respuestas y no sólo cuentos. El miedo urge a la "realidad".

Las palomitas de San Juan son termitas reproductoras que, en tiempo de lluvias, salen y vuelan en busca de nuevos territorios para inicar un nuevo nido. Con la información anterior, presentí que aquellos enjambres de la infancia provenían de los pisos de duela de la casa y de los muebles labrados que ahí meditaban. Y aun del interior de la higuera que no palpitaba frutos dulces sino infestación.

Miré mi presente. Temí por mis muebles y por mi piso de madera, temí por mis libreros y la celulosa que guarda tantas letras.

Las lluvias han regresado y San Juan observa. El misterio de la materia se esconde en las alas de las termitas. Como uno, como todos y como todo, vuelan sólo un momento. La fragilidad de las historias es verdiazul en la temporada de lluvias.


(nota: la ilustración es un cuadro de Craig LaRotonda, pintor sublime, he aquí su sitio)

miércoles, 23 de junio de 2010

De letras escarlatas


Así ocurre en las diversas redes sociales, hay temas que están "in": La muerte de tal o cual, el partido del Mundial, el derrame de petróleo, la frase estúpida de una celebridad y lo que ocurra en las próximas horas. Imagino las redes sociales como casas de bolsa donde los corredores se amontonan y con gran griterío inician la compra y venta de "quiero atención por un día".

Durante la jornada uno lee de todo. Existen opiniones encontradas, enlaces, complicidades y uno que otro insulto. No puedo estar de acuerdo en todo, tampoco me interesan todos los temas. Pero disfruto la variedad, ese recordatorio de que mi universo personal sólo es uno entre muchos.

Sin embargo, en esta lluvia de caracteres se filtran pequeñas letras rojas. Los dejos de intolerencia se transforman en verdaderos muros de pixeles. Quiero creer que esto es el resultado del camino fácil y no de las convicciones.

Porque sí, es más fácil conseguir seguidores por decir estupideces y por escupir provocaciones. Es más fácil cautivar lectores con gritos racistas, con palabras como verga y ano y puto.

Todos los usuarios, en mayor o menor grado, son comunicadores. No apruebo la censura, pero me parece urgente un llamado a la responsabilidad. Como ser reactivo, entiendo los exabruptos. Pero me horroriza el que algunos crucen la delgada línea de la sensatez.

Ayer, en algún lugar de la red, alguien azuzaba a los chilangos a agredir a los argentinos residentes de la Ciudad de México. La razón: un partido de fútbol que no se ha llevado a cabo. Como era de esperarse, el comentario causó gran revuelo. Si lo que dijo fue un exabrupto, jamás se retractó. Por el contrario, se aplicó en el insulto barato. Tal vez la situación sólo fue una válvula de escape para las frustaciones y complejos de este hombre pequeño. O tal vez la situación fue su oportunidad de disfrutar de cinco minutos de fama.

Me desconcierta el ego retorcido del protagonista, pero más me ocupa el número de seguidores que apoyaron su postura. Me pregunto si los actores de esta obra tenían consciencia de la puerta que sus palabras podrían abrir. La misma puerta que la historia ha abierto y cerrado una y otra vez, esa, la del horror mismo.

No puedo detener la lluvia de letras escarlatas. Pero como ocurre en la novela de Hawthorne, las letras escarlatas nos señalan no el escarnio sino lo que ha de ser defendido.