lunes, 13 de septiembre de 2010

El espejo bajo el agua


Hace algunas semanas mi sueño transcurrió en una locación ya conocida: una casa. La novedada radicaba en que, en el patio trasero, existían varios cuartos llenos de trebejos. Alguien abría las puertas una a una, una especie de portera, y me mostraba los nuevos espacios. Al principio sentí desazón al imaginar cómo diablos se podría limpiar aquel mugrero; pero al detener la vista en los objetos reconocí algunos como parte de recuerdos que se han diluído. Aun los cuartos, de características varias, eran lugares en los que estuve hace muchísimos años: el comedor de un departamento, el baño de la casa de una amiga, la zotehuela de un primer piso.

Mientras la portera me indicaba que había serios problemas de filtración en todos los cuartos, descubrí un espejo. O lo que había sido un espejo pues sólo algunos fragmentos se aferraban al marco de madera ovalado tallado. Las figuras barrocas sostenían un pergamino con un texto en una caligrafía perfecta, pero en un lenguaje que no entendí. Dije: tenemos que conservar esto, es vital saber lo que está escrito aquí. Y el sueño continuó con la inspección de mis propiedades descubiertas.

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Noches después regresé a este mundo onírico. No había hecho caso de las filtraciones. La mayoría de los cuartos ahora eran inaccesibles, las entradas estaban a ras de piso, como si la tierra los engullera. Todos estaban inundados. Mas sentí alivio al descubrir el cuarto del espejo con el acceso disponible. Entré, los muros agrietados parecían fuentes y muchos objetos ya flotaban en el piso. Toda la devastación del agua se reflejo en el espejo inexistente de la pared al descubrir que la tinta había desaparecido del pergamino. Sentí un tremor, y salí. El cuarto se hundía.

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Jamás sabré qué decía aquel texto. El espejo ahora yace bajo el agua. Tengo la certeza de que todos esos objetos ahogados son recuerdos que he perdido. Los recuerdos que poseemos son sólo un puñado. Esos que evocamos una y otra vez: "estos son mis recuerdos". El tiempo y el espacio no están acompasados. Al final elegimos las mejores fotos para el álbum, las otras se quedan guardadas en cajas de cartón o de lámina en espera de la devastación del agua. Creo que los sueños las amortajan.

2 comentarios:

La chica del siglo pasado dijo...

Ojalá que así sea :)
Personalmente, siempre sueño con una misma casa, inundada también, llena de objetos que existían, y que en sueños vuelvo a ver. Una noche se me concedió soñar que mi padre y yo salíamos de pesca, con una caña recuperábamos todos mis juguetes de cuando niña. Y, a pesar de la intangibilidad de la recuperación, fui muy feliz al despertar.
¡Un abrazo!

The fool dijo...

Qué buen post.
Algo decía Borges, claro que en forma más elegante, que el pasado era una arcilla que el presente labra interminablemente y qué desconocía qué suerte lo había hecho escoger determinados recuerdos.
Me gusta pensar que los demás deben encontrarse ahogados, en espera del azar que los haga despertar.