jueves, 9 de julio de 2009

Apio


Como cuando era niña, todavía me maravilla encontrar la rosa oculta al cortar el tallo de un apio. La dejo a la vista mientras cocino, y siempre siento algo de tristeza al arrojarla al bote de basura.

Entiendo la palabra "apio" cuando muerdo una rama crocante o cuando mordisqueo las hojas de sabor picante. Pero dejo de entenderla cuando preparo la sopa que hacía mi abuela: apio rebanado, arroz y caldillo de jitomate. La sopa posee más los sonidos suaves del inglés "celery".

No creo que la sopa de apio sea la mejor receta de mi "sopiario", pero sí es la más entrañable, la de sabor a infancia. He perdido la cuenta de las rosas ocultas descubiertas, pero cada una de ellas me lleva de regreso a la puerta de vidrio de una cocina extinta, a la higuera y a mi abuela frente al fogón.

4 comentarios:

7mo Sentido dijo...

Oh... yo siempre arranco cada rama desde la raiz. Por tanto desconocía esa rosa... mmh... A la próxima que prepare mis clamatos recordaré guardarla y ponerla de centro para mis botanas.

:D nice!

Beguina dijo...

Apreciada amiga mortuoria y vivificante a la vez. A mí me encantaba (y me encanta) examinar verduras.

Saludos acumulados.

Erika Mergruen dijo...

abrazos a ambas y van rosas para la imaginación ;)

7mo Sentido dijo...

ya hice lo del apio! Este fin compré un mazo para la infalible receta de mi ensalada de atún y justo cuando me disponía a arrancar el primer tronco recordé este post y lo corte de tajo. ¡Que sorpresota!