viernes, 4 de junio de 2010

A "los angelitos"


1. Desde el siglo XVIII, a la muerte de un niño, las familias pudientes solían encargar una pintura del "angelito". El retrato de la dormición (el sueño de la muerte) representaba el triunfo sobre la muerte. Con la llegada de la fotografía, los menos favorecidos se unieron al ritual de la muerte niña. Las pinturas y fotografías que se conservan no son arte mórbido sino la esperanza del rencuentro en otra vida; el triunfo sobre la muerte del que nunca olvida.

2. El 21 de octubre de 1966 un deslave de carbón sepultó la escuela de Aberfan. No fue un desastre natural sino el acto provocado por la negligencia del gobierno. Existen reportes previos a la desgracia, sobre el riesgo que constituían los desperdicios de la mina de carbón. 116 niños murieron bajo la marejada negra. Lo que ocurrió después incluye escándalos, fraudes e injusticias. Pero el tiempo y la memoria no han podido borrar el nombre de Aberfan. Lenta, la justicia equilibra su balanza.

3. El 5 de junio de 2009 un corto circuito provocó un incendio en la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora. 49 niños murieron. La magnitud del desastre fue provocada por la negligencia de las autoridades ante las medidas de seguridad. A casi un año persiste el escándalo, el fraude y la injusticia. Pero el tiempo continua su marcha y nos queda preservar en la memoria colectiva a los "angelitos" de la Guardería ABC.

4. Angel te vas para el cielo
con tu azucena en la mano,
pide a María Santísima
perdón para tus hermanos.

5. La muerte de un niño nos muestra descarnadamente nuestra impotencia ante la muerte. Pero la muerte de un niño que pudo ser evitada nos muestra la vergüenza máxima. Nos queda pintar los retratos con actos y palabras en espera de que la justicia, lenta, equilibre su balanza. Y desear que los deudos logren despertar de la pesadilla. Desearlo, y no olvidar.

2 comentarios:

La Santa Insomne dijo...

La familia de mi mamá es purépecha (obvio, de Michoacán) y muchos de ellos todavía tienen la costumbre de sacar fotografías post-mortem.

Ahora que recuerdo, yo estoy en una de ellas; afortunadamente, yo no era el fallecido.

Alejandra M. Fimbres dijo...

No pudiste expresarlo mejor.

La desolación que sombreó Hermosillo hace un año sigue ahí. Y nuestra vergüenza colectiva solamente la hace más oscura.