martes, 7 de abril de 2009

El emisario



Y tal parece que esta sesión de trabajo no llegará a buen término. No he dejado de rascarme desde que apareció el ciempiés. No importa que aún vea de reojo su cuerpecillo despanzurrado, tengo comezón y no quiero bajar las piernas de la silla.

Apareció sin previo aviso, sin la decencia de brindar ese momento en el que observamos distraídos un rincón para detectar unas antenitas o adivinar unas extremidades en sospechoso movimiento.

Se exhibió sin más, justo en el momento en el que dirigí la mirada a mis pies, como si fuera a encontrar las palabras en mis uñas pintadas. Y ahí estaba él, raudo; pero no lo suficiente para salvarse de mi zapato.

La comezón aumenta y oteo el suelo a cada instante, sin poder concentrarme en esta sesión de trabajo. Empiezo a creer que el espíritu del maldito insecto me está haciendo cosquillas, pues él conoce mis fobias.

Y ni modo de fumigar a esta hora; además los matabichos sirven con los insectos vivos, no con los cuerpos de los que han sido ajusticiados con la suela de un zapato.

Ni hablar, me voy a bañar, a ver si el agua purificadora me quita de encima al fantasma del ciempiés: ¡pinche muerto, váyase por la coladera, tengo que cumplir con mi sesión de trabajo!

3 comentarios:

Zelo dijo...
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Anónimo dijo...

Cuca multipatas:

¿Qué hace ahí la foto de mi tío?

Bueno...Mamá Cuca siempre me dijo que era mi tío pero ahora que lo veo de cerca ... Como diría Juan Gabriel: "Se parece tanto a mí... que no puede(n) engañarme..."

¡Ajá! Ahora me explico porqué tengo tantas patas ...


Saludos :)

Erika Mergruen dijo...

jajaja, ches, cucas, ahora sí se ganaron su comida...