martes, 7 de octubre de 2008

De magnolias y sapos (3 de 3)



Allá en la infancia, cuando iniciábamos el ciclo escolar, en las primeras semanas de clases nos entregaban nuestros libros de texto: limpios, lisitos y todavía olorosas a tinta. Me causaba placer el meterlos en mi mochila para llevarlos a casa donde se les cubriría con plástico prístino. Confieso que no hojeaba el libro de ciencias naturales ni el de sociales, ni siquiera el de español; el único que abría era el de lectura. Gustaba de ver las ilustraciones, los nombres inauditos de los autores de aquellos poemas, cuentos y fábulas. De aquellas lecturas, o más bien de la primera impresión de aquellas lecturas, recuerdo el Sapito glo-glo. Y dice:

Nadie sabe dónde vive,
nadie en la casa lo vio.
Pero todos escuchamos
al sapito: Glo...glo...glo.
¿Vivirá en la chimenea?
¿Dónde diablos se escondió?
¿Dónde canta cuando llueve,
el sapito Glo...glo...glo?
¿Vive acaso en la azotea?
¿Se ha metido en un rincón?
¿Está bajo de la cama?
¿Vive oculto en una flor?
Nadie sabe dónde vive,
nadie en la casa lo vio
pero todos escuchamos
cuando llueve: glo...glo...glo.
Juan Sebastián Tallón

El poema estaba acompañado de una ilustración de un sapito verde, un dibujo que se antojaba "básico" tal vez por la calidad del papel de aquellos libros. De todos los versos y del onomatopéyico glo-glo me obsesionaba el verso de la chimenea: sería porque un sapo no podría vivir en el hogar encendido o porque nunca tuve chimenea en casa o porque mi lógica infantil (que no ha mejorado) no entendía qué diablos hacía el estúpido sapito en tan peligroso lugar.
No me gustaban los sapos, ni me gustan, son horrendos. No así las ranitas, verdes o coloridas, venenosas o benignas son chulas. Los sapos no, son feos y creo que tontos, muy humanos ellos. Y no los entiendo, muy humanos ellos. Por qué se esconderían en la chimenea, por qué saldrían de su pozo para terminar, crack, muertos en el pico de una cigüeña, por qué volarían para terminar despanzurrados en el parabrisas según la secuencia de una película.
Tan humanos ellos, lo dicho, son feos y tontos, y no tienen ninguna piedra brillante en la cabeza, aunque lo diga Andersen:

-Es gorda, patosa y fea -decían las verdes ranillas-. Sus hijos serán tan feos como ella.
-A lo mejor -dijo la madre sapo-, pero uno de ellos tendrá en la cabeza una piedra preciosa, a no ser que la tenga yo misma ya. (El Sapo, Hans Christian Andersen).

En este cuento sólo un sapo podría dárselas de aventurero, soñar con ver el mundo y terminar ahogado en su ambición, tan humano él. Y, crack, termina muerto.
Total, al final del cuento no hay piedra, sino sapo muerto; y al final del poema no hay sapo, sino espectro de sapo; y al final de la película Magnolia no hay final feliz, sino sapos triturados. Pinches sapos, son tan humanos que nunca les entiendo. Bah.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Mmm, cuántos olores.

Un saludo.

Beguina.

Anónimo dijo...

Es un sapo el que inyecta veneno en la sangre de Eva en "Paradise Lost" de Milton.

SairaB.

7mo Sentido dijo...

bienvenidos a su nuevo hogar!

Anónimo dijo...

Cuca aterrada

¡Eso!
¡Pinches sapos!
¡Uno de ellos se tragó entera a mi agüelita!
:((