miércoles, 16 de diciembre de 2009

Blanco


La última vez que nevó en esta ciudad fue en el año en que nací. No creo que esto ocurra otra vez, no mientras yo recorra las banquetas de esta ciudad.

Conforme pasan los años tengo más certezas sobre lo que no haré y lo que no veré. Más que decepción me provoca cierta nostalgia.

Pero sí he hecho hombres de nieve, o mejor dicho de hielo. Esta ciudad suele ser víctima de las granizadas. Si el fenómeno rebasa la media, la cantidad de granizo logra blanquear el paisaje. Entonces la gente puede correr a sus patios, a los parques o al Ajusco ha erigir hombrecitos de nieve. Ha de ser nuestra nostalgia de lo que la mayoría nunca veremos.

Y creo también en la nostalgia de lo que vimos y ya no veremos la cual es más azul pues toda posibilidad ha sido cancelada.

Disfruto de toda la iconografía navideña, en realidad me hace sonreir. Mi espíritu es primitivo. Me algro con los hombres de gengibre, los bastones de caramelo; los rojos, los verdes y los blancos que crean un caleidoscopio con el titilar de las series.

Pero los hombres de nieve me provocan una sonrisa triste. Aunque he visto nevar en la tele y en la pantalla grande no es lo mismo; como tampoco es lo mismo leer en el monitor y prescindir del papel tibio de un libro.

Tal vez sea que la nieve es en realidad el Moby-Dick de mi infancia; y el barco que iba tras ella me dejó en el puerto y jamás regresará.

4 comentarios:

Séptimo Sentido dijo...

Mientras usted esta en la presentación del libro, yo estoy lámentandome no haber podido ir... El trabajo es el trabajo y a veces aunque nos escondamos no nos deja ir.

Respecto a su monito de nieve, un día de estos la invitaré a Mount Lemon (cerca de Tucson) para pasar del desierto a la montaña nevada de un minuto a otro.

un abrazo!

pardero dijo...

"Conforme pasan los años tengo más certezas sobre lo que no haré y lo que no veré. Más que decepción me provoca cierta nostalgia."

Me sonaste a Borges. Muá, muá y requetemuá.

Paloma Zubieta López dijo...

Me encantó este post. De pronto la ví asomándose entre los cristales de una tienda, con gorro de duende y algún caramelo en las manos. No se preocupe por su Moby Dick, varios lo compartimos. Un beso grande.

Georgells dijo...

Ejem... si mal no recuerdo, el barco que sale tras Moby Dick nunca vuelve... y todos se ahogan (menos Starbucks, creo).

Así que no es tan malo dejar partir ciertos barcos. Los muñecos de nieve serán siempre mejores en la imaginación (y en las tiras cómicas de Calvin y Hobbs).

Le mando un abrazo decembrino, a usted, maestra entrañable, que siempre me recuerda ver las cosas hermosas que me rodean y que con tanta facilidad olvido...

G.