martes, 27 de julio de 2010

Blog vs FB vs TT


Tras escribir un comentario, sobre el hecho de que uno siempre está solo, alguien contestó que con FB era imposible. Quiero creer que la respuesta fue una broma. De ser cierto, cerraría todas mis cuentas.

I
Uno siempre está solo. Es entonces, al aprehender este estado, que uno se asombra con todo lo que existe en el exterior. Las redes sociales son sólo ventanas diversas para contemplar un detalle de lo que está allá afuera. Estas ventanas son la proyección virtual de lo que somos y hacemos en la vida real, y de lo que desearíamos ser y hacer. Como cualquier ventana, las ventanas virtuales poseen límites lo que nos provoca la sensación de control casi absoluto; porque basta apagar la computadora, ausentarse unos días o borrar la cuenta para que un "paisaje" deje de existir. En la vida real los botones no son tan accesibles.

Desde la aparición de los blogs, los profetas de la comunicación surgen de debajo de las piedras. Los cánones y las recetas se escriben en serie. Los usuarios las leen con fruición. Así se ocupan del raiting, del número de seguidores o de consolidar una "multitud" de amigos. Se antojan pequeños depredadores de la comunicación, ávidos de popularidad virtual. Se alteran si alguien deja de ser su lector, si aquel los bloquea o no han sido incluidos en la lista de tal o cual. Al final, el comunicar, no es su objetivo; como ocurre en la vida real. Aquí las ventanas son espejos, son las más. Uno puede aprender del reflejo o contemplarlo a perpetuidad.

Están los usuarios que se mantienen al margen del "éxito" y crean círculos íntimos para contar su cotidianidad en un par de líneas, en entradas de blog o en un álbum de fotos; estos son mis favoritos. En las recomendaciones de un vídeo de música, de una animación o en un muestrario de letras, se crea una reunión de personas que poseen la misma tonalidad.

Atrás siguen los lúdicos que se pierden en las salas de juegos urgidos de nuevos contactos para crear granjas, restaurantes, imperios, mafias o convertir a todos en vampiros. Me uno a ellos, aunque lo mío son los juegos tipo "casa de muñecas". No me importa exhibir mi ocio, mi puerilidad me mantiene cuerda.

II
Blog vs FB vs TT, no hay mejor, no hay peor. Son diferentes. La moda es pasajera. Uno conserva las ventanas que le permiten ver, observar y decir.

No imagino mi vida virtual sin un blog, aunque mi dedicación aumente o disminuya según los meses, según los años, según la vida. Disfruto la informalidad de FB, es mi patio de recreos y un lugar de reencuentros. En cuanto a TT me quedo con el asombro de explorar el misterio de la brevedad o fluir en el vértigo de lo citadino en un TL.

Las redes no lo hacen a uno. Pero si esto ocurre sólo es el reflejo de la disfuncionalidad propia en la vida real. La red toma forma con lo que intentamos comunicar y con las respuestas de nuestros posibles lectores. Yo elijo qué decir en mi blog, quién juega conmigo en FB y el color de los 140 caracteres de mi TL. En estas proyecciones de mí misma, como en el mundo real, procuro cerrar las ventanas ante la estupidez y la mezquindad. Y recuerdo que uno está sólo y uno es más allá de la red.

lunes, 19 de julio de 2010

La mano en la tele de bulbos


Hace un par de semanas, en algún lugar de la red, vi la caricatura de una mano zombie. Entonces recordé una película que me causó oscura fascinación cuando era niña.

En lo que yo supongo era el canal 4, y como preámbulo de la programación habitual, se podían ver películas en blanco y negro. La de "la mano", la disfruté en la televisión de bulbos de casa de mi abuela. Creo que la transmitían con regularidad porque ella me avisó, más de una vez, que la presencia de "la mano" era inminente.

No recordaba el nombre de la película y menos del actor. Recurrí a Alberto quien posee una memoria cinematográfica privilegiada. Me bastó decirle que el actor tenía ojos de sapo y que aparecía en otras películas de terror para que me respondiera: es Peter Lorre.

La red nos dio otras respuestas, incluida la posibilidad del encore. The beast with five fingers (1946) está basada en un cuento, del mismo nombre, de W. F. Harvey. Semanas atrás, había descubierto al autor -y aquí asoman los cinco dedos de la coincidencia- en el sitio de Alberto.

Pueden seguir el recorrido de la mano aquí para descargarla. No necesitan una televisión de bulbos, pero les regalo mi recuerdo de la sala de la abuela: un salón lóbrego, con piso de duela, cargado de muebles de madera oscura, labrados, que creía parte de la tramoya de la mentada película; siempre custodiados por un Confucio de cerámica, más semejante a un duende, todo descolorido (como la peli).

También pueden leer el cuento por acá, en inglés (no encuentro una traducción en línea). Luego pueden dedicar los días a sospechar que la bestia está agazapada en cualquier rincón.

miércoles, 14 de julio de 2010

La venganza será de felpa


Todavía hoy quisiera saber a qué saben los pastelitos que Máshenka horneó en la casa del oso. También quisiera ver una isba con patas girando en alguno de los cuentos rusos. Pero aún tengo la duda sobre el final del primer cuento. Creo que el oso se sentía solo, y más que una esclava eficiente necesitaba algo de compañía. Porque ¿cómo pudo caer en la trampa que le tendió la niña si en realidad era un tratante de esclavos?

Decir que era un tratante es falso, jamás obtuvo ningún beneficio económico de la niña; sólo la certeza de que alguien lo esperaba en casa tras su jornada. Será que el corazón del oso, en el fondo, era tan suave y dulce, como imagino serían los pastelitos que horneó la niña. Era un oso que vivía en un bosque, lejos de las terapias grupales o de las sentencias de Freud; no supo comunicar sus necesidades.

Todavía hoy creo que el oso salvó a la niña quien no hubiera sobrevivido, sola, una noche en el bosque; pues sé que no todas las fieras hablan, viven en una choza y comen frituras.

Todavía hoy no quiero entender la moraleja de Máshenka, y menos aún la del oso con la pata de palo. Es un cuento breve que he releído hasta el cansancio. Desde niña, no he olvidado la melodía que compuse para la canción del oso. Es una lástima que los blogs sean silentes, podría tararearla para todos. Cada uno tendrá que componer la propia.

La tristeza del cric-cric-cric siempre nubló el sermón del "no robarás", minimizó el estigma del vengativo; pero mostraba la cobardía de aquellos viejos, los verdaderos depredadores de la historia.

En mi balanza de niña, la pata del oso me parecía más valiosa que los nabos del huerto. Y hubiese sacrificado a los ancianos con tal de oir la canción del oso durante unas páginas más. Enfin, no quiero entender.

Y así ocurre con ciertos cuentos y fábulas de la infancia. Uno no entiende, no quiere entender. Es una rebelión inútil. Es el anuncio de que lo que es justo e injusto es tan frágil como el papel de un libro viejo. Pero sucede que descubrimos que otros, un autor desconocido, han estado en lo mismo (o eso quiero creer). Sin preámbulo encontré, gracias a Jesús DeLeón-Serratos, la imagen precisa del final que mi infancia deseo. Todavía hoy lo deseo. Cric-cric-cric:

jueves, 8 de julio de 2010

Tras el vidrio

En vano he esperado que los otros se arrodillen en mi cornisa y toquen el cristal de la ventana para dejarlos entrar. Me he equivocado al pensar que son los otros los que estan afuera. Yo habito en un exterior de cuatro muros, con su cielo de tirol y sus lagos coladeras.

Así, me arrodillo en la ventana y toco el vidrio. Nadie abre. No puedo entrar afuera. Y todos los mundos que he imaginado escurren allá adentro. Unos serpentean en el tronco del árbol, aquellos crean mares al pie de los setos. Sé que los gorriones no huyen de la lluvia sino de los rostros verdaderos de los otros. Lo sé porque observo sus máscaras mitológicas reposar sobre las nubes.

Me arrodillo y busco una oración. Pero sólo recuerdo las rondas de la infancia. Rezo. Toco el vidrio. Y espero que los otros lleguen en cualquier momento y me inviten a entrar al infinito.

(Ilustración de nicoletta ceccoli)

viernes, 2 de julio de 2010

Este verano será Yin

Contrario a la creencia popular, a los habitantes de las criptas nos gustan los ositos de felpa. Si lo piensa no resulta del todo absurdo. Así como están los claroscuros, los contrastes en las texturas provocan el asombro.

Aquí en las criptas todo es sonrisa descarnada. No niego que las calaveras me provocan alegría. Aun mi fiel mayordomo, Roderico, me da energía (más semejante a una patada en el culo, pero movimiento al fin). Pero hasta yo me canso de astillarme las manos en los osarios y de titiritar con la humedad que late en el musgo.

Los esqueletos que colecciono son mi Yang. Los ositos de felpa, mi Yin. Hace años que exhibo a estos últimos, sin tapujos. Sin esconder mi innata cursilería. Soy huesos, soy felpa, Yin-Yang.

Este verano será Yin. Le he pedido a los durmientes que confeccionen un inmenso oso de felpa. Voy a vivir ahí.

La fragilidad me urge a esconderme dentro de una barriga mullida. Y no sé, acaso logre encontrar nuevos hilos para la trama y la urdimbre de mis historias. Tendría nuevos vecinos: diminutos ácaros tomarían el café conmigo (en la cripta los desdentados sólo beben polvo). O tal vez todas mis imaginerías serían las de una muñeca de porcelana en su nicho, o las de un tostador en su embalaje. Ya no hablaría de putrefacción ni de los dientes de Berenice, no más cuencas vacías, no más rechinidos de dientes. Dentro de mi gran oso de felpa todo sería sabor pan con mantequilla y hojuelas de piel muerta que los ácaros mastican. Si me diera sueño podría dormir en cualquier sitio: la pata izquierda, la garra derecha, los sesos de borla. Si me aburriera podría escalar a la cabeza y asomarme por los ojos de resina, para aprehender la mirada estoica de los ositos de felpa. Este verano será Yin. Sea.

jueves, 24 de junio de 2010

Palomitas de San Juan

Hace muchos años, por estas fechas, las vi por primera vez. Eso creo, la infancia no posee los mismos puntos de referencia en lo que a tiempo se refiere. Pero su nombre y el origen del mismo me permiten la afirmación.
Ahí estaban aquellos insectos alados, semejantes a astillas de vidrio verdiazul. Parecían los arcángeles que han de revolotear en el cielo de las hormigas. Mi abuela me dijo que eran palomitas de San Juan, que sólo aparecían cuando se celebraba al santo; y luego desaparecían, dejando como única prueba de su paso un reguero de alas quebradizas.

En el transcurso de los años he visto palomitas, pero nunca en enjambres como ocurría en casa de mi abuela. En ocasiones han entrado a mi estudio, tal vez porque la ventana está abierta y en dirección a un árbol. O tal vez porque las envía mi abuela desde el más allá.

Odio a los insectos. Los aniquilo. Pero los que son guardianes de mis recuerdos de infancia entran y salen, inmaculados, en esta casa. Ahora, la transparencia de las palomitas de San Juan semeja más a los fantasmas de todos los que se han ido. Los seres piadosos, mágicos, se fueron con la infancia.

Tras varias semanas de malestar, análisis, dudas y tratamientos, hoy es el primer día que siento que mi alma regresó a mi cuerpo (o bien mi cuerpo se aferró a mi alma). La enfermedad es la madre de todos los ocios y de todos los infiernos. Hace unos días recordé a las palomitas, a mi abuela y a la casa de la higuera. Recordé todo aquello que dejó de existir, como si abrazara lo inevitable. Entonces busqué respuestas y no sólo cuentos. El miedo urge a la "realidad".

Las palomitas de San Juan son termitas reproductoras que, en tiempo de lluvias, salen y vuelan en busca de nuevos territorios para inicar un nuevo nido. Con la información anterior, presentí que aquellos enjambres de la infancia provenían de los pisos de duela de la casa y de los muebles labrados que ahí meditaban. Y aun del interior de la higuera que no palpitaba frutos dulces sino infestación.

Miré mi presente. Temí por mis muebles y por mi piso de madera, temí por mis libreros y la celulosa que guarda tantas letras.

Las lluvias han regresado y San Juan observa. El misterio de la materia se esconde en las alas de las termitas. Como uno, como todos y como todo, vuelan sólo un momento. La fragilidad de las historias es verdiazul en la temporada de lluvias.


(nota: la ilustración es un cuadro de Craig LaRotonda, pintor sublime, he aquí su sitio)

miércoles, 23 de junio de 2010

De letras escarlatas


Así ocurre en las diversas redes sociales, hay temas que están "in": La muerte de tal o cual, el partido del Mundial, el derrame de petróleo, la frase estúpida de una celebridad y lo que ocurra en las próximas horas. Imagino las redes sociales como casas de bolsa donde los corredores se amontonan y con gran griterío inician la compra y venta de "quiero atención por un día".

Durante la jornada uno lee de todo. Existen opiniones encontradas, enlaces, complicidades y uno que otro insulto. No puedo estar de acuerdo en todo, tampoco me interesan todos los temas. Pero disfruto la variedad, ese recordatorio de que mi universo personal sólo es uno entre muchos.

Sin embargo, en esta lluvia de caracteres se filtran pequeñas letras rojas. Los dejos de intolerencia se transforman en verdaderos muros de pixeles. Quiero creer que esto es el resultado del camino fácil y no de las convicciones.

Porque sí, es más fácil conseguir seguidores por decir estupideces y por escupir provocaciones. Es más fácil cautivar lectores con gritos racistas, con palabras como verga y ano y puto.

Todos los usuarios, en mayor o menor grado, son comunicadores. No apruebo la censura, pero me parece urgente un llamado a la responsabilidad. Como ser reactivo, entiendo los exabruptos. Pero me horroriza el que algunos crucen la delgada línea de la sensatez.

Ayer, en algún lugar de la red, alguien azuzaba a los chilangos a agredir a los argentinos residentes de la Ciudad de México. La razón: un partido de fútbol que no se ha llevado a cabo. Como era de esperarse, el comentario causó gran revuelo. Si lo que dijo fue un exabrupto, jamás se retractó. Por el contrario, se aplicó en el insulto barato. Tal vez la situación sólo fue una válvula de escape para las frustaciones y complejos de este hombre pequeño. O tal vez la situación fue su oportunidad de disfrutar de cinco minutos de fama.

Me desconcierta el ego retorcido del protagonista, pero más me ocupa el número de seguidores que apoyaron su postura. Me pregunto si los actores de esta obra tenían consciencia de la puerta que sus palabras podrían abrir. La misma puerta que la historia ha abierto y cerrado una y otra vez, esa, la del horror mismo.

No puedo detener la lluvia de letras escarlatas. Pero como ocurre en la novela de Hawthorne, las letras escarlatas nos señalan no el escarnio sino lo que ha de ser defendido.

viernes, 18 de junio de 2010

Los sueños del lirón

En el principio todos fuímos Alicia. Dedicamos parte de nuestra travesía a exhibir nuestro asombro, aprehender los cánones y reconocer el grupo al que pertenecemos. Entonces abrimos los ojos y abandonamos el País de las Maravillas para realizar distintas labores y cumplir destinos.

Algunos decidimos quedarnos en los subterráneos. No por privilegio o por iniciación. No hay ningún tipo de superioridad en esto. Simplemente decidimos, como se decide si se quiere un helado de vainilla o una nieve de limón.

Y aquí estamos, en espera del siguiente guión. Los más eligen un papel determinado. Los menos tratan de probar todos. Aunque lo último no es cosa fácil, pero sí la prueba de nuestra indecisión.

Jamás he sido el conejo blanco, me falta don de mando. Y mi dispersión y apatía natural me impedirían correr de un lado a otro con el reloj. He sido la oruga pero jamás llego a la transformación. Si el libreto me envía a tomar el té sólo elijo a la Liebre de marzo, es el papel que más me ha acomodado en los últimos años. Podría ser el Sombrerero, pero ser el hilo conductor no es lo mío. Siempre he creído que mi ego se quedó atorado en las raíces del árbol.

Me he aplicado para sonreir en el viento. Pero creo que todavía me faltan años de estadía en este lugar para alcanzar la sabiduría que se requiere. Sueño con ser el Gato de Cheshire. Aunque sé que mi nulo amor por los gatos me impedirá, de lograrlo, quedarme por siempre con el papel.

He rechazado las líneas de ciertos personajes, ya fuera por parecerme insignificantes o tan familiares que no constituyan ningún reto. Por ello no me acerco al castillo. Como con fruición para no entrar en un mazo. Y en mi solicitud señalo un falso daltonismo para no pintar arbustos.

He envidiado a los que han obtenido el papel de Pepito. Si bien es un personaje poco recordado, daría lo que fuera para surcar la bóveda celeste lo que dura un párrafo. Pero los que se ocupan de la casa en el bosque jamás me han llamado. A ratos creo que es un acuerdo retorcido con los que habitan la ribera, pues soy amada por comer langostas cuando termino de ser falsa y de ser tortuga.

Todo lo anterior no tiene importancia puesto que desde hace unas semanas estoy atrapada dentro de la piel de un lirón. No niego que me era vital recuperar las horas de sueño perdidas, pero dejar inconclusa mi historia me agobia. No saber qué ocurrió con las hermanas ahogadas en su pozo de melazas me entristece. Y quedar atrapada dentro de una tetera me parece una grosería. Los sueños de un lirón, amante del café, dentro de una tetera se transforman en pesadillas.

Tal vez decida acercarme al castillo. Un juicio acaso llevará a buen término esta situación. Me siento optimista ya que yo no me robé las tartas. Mientras tanto debo resignarme a oír el griterío entre sueños.

viernes, 11 de junio de 2010

Fútbol


No se llamen a engaño, ni Roderico ni yo somos pamboleros. Pero pruebo el entusiasmo de otros. Confieso que jamás bajaría de La Colina para asistir al Ángel a lanzar vítores por la selección. Nunca me pondría una camisa verde. Pero no tengo empacho en prender el televisor si los gritos de mi vecino son el indicador de que el partido "está bueno". O si se trata de ver el juego "bárbaro" de los alemanes o el "cuasi rugby"de los ingleses, todavía mejor.

Todo el mundo debe detener su viaje cotidiano de vez en cuando. Ciertos eventos brindan la catarsis. Toca a cada quien elegir la mejor opción.

No pierdo de vista los claroscuros. Como en todos los ámbitos, el fútbol tiene su lado turbio: el fanatismo, la corrupción, la demagogia y la manipulación económica. A pesar de ello, algunos tratan de disfrutar sólo el lado luminoso: el mundo lúdico.

Vea o no vea el partido de hoy, yo seré la misma mortal de ayer. Aficionados de diversos oficios y distintas edades pronto encenderán su televisor. Los que no compartan el gusto por este juego sigan su camino cotidiano, no se detengan a minimizar a sus seguidores ni a escupir su arrogancia en esta parada. Ustedes son los otros, tan mortales como los aficionados pero con otro destino: el otro cabo de la cuerda que cierra el círculo.

Nota: cuando la digo en voz alta suena a fútbol y no a futbol. Además la palabra parece una portería y la tilde un balón minúsculo en tiro a gol. Y sí, la RAE me da permiso.

viernes, 4 de junio de 2010

A "los angelitos"


1. Desde el siglo XVIII, a la muerte de un niño, las familias pudientes solían encargar una pintura del "angelito". El retrato de la dormición (el sueño de la muerte) representaba el triunfo sobre la muerte. Con la llegada de la fotografía, los menos favorecidos se unieron al ritual de la muerte niña. Las pinturas y fotografías que se conservan no son arte mórbido sino la esperanza del rencuentro en otra vida; el triunfo sobre la muerte del que nunca olvida.

2. El 21 de octubre de 1966 un deslave de carbón sepultó la escuela de Aberfan. No fue un desastre natural sino el acto provocado por la negligencia del gobierno. Existen reportes previos a la desgracia, sobre el riesgo que constituían los desperdicios de la mina de carbón. 116 niños murieron bajo la marejada negra. Lo que ocurrió después incluye escándalos, fraudes e injusticias. Pero el tiempo y la memoria no han podido borrar el nombre de Aberfan. Lenta, la justicia equilibra su balanza.

3. El 5 de junio de 2009 un corto circuito provocó un incendio en la Guardería ABC de Hermosillo, Sonora. 49 niños murieron. La magnitud del desastre fue provocada por la negligencia de las autoridades ante las medidas de seguridad. A casi un año persiste el escándalo, el fraude y la injusticia. Pero el tiempo continua su marcha y nos queda preservar en la memoria colectiva a los "angelitos" de la Guardería ABC.

4. Angel te vas para el cielo
con tu azucena en la mano,
pide a María Santísima
perdón para tus hermanos.

5. La muerte de un niño nos muestra descarnadamente nuestra impotencia ante la muerte. Pero la muerte de un niño que pudo ser evitada nos muestra la vergüenza máxima. Nos queda pintar los retratos con actos y palabras en espera de que la justicia, lenta, equilibre su balanza. Y desear que los deudos logren despertar de la pesadilla. Desearlo, y no olvidar.

viernes, 28 de mayo de 2010

Las fuerzas morales

Cuando la justicia no preside a la armonía entre las regiones y las clases de un Estado, el patriotismo de los privilegiados ofende el sentimiento nacional de las víctimas. El culto mítico de la patria, como abstracción ajena a la realidad social, fue siempre característico de tiranuelos que inmolaron a los ciudadanos y deshonraron a las naciones. Aunque invoquen la patria para cubrir su bastardía moral, son enemigos de la nacionalidad los que no presienten devenir de su pueblo, los que lo oprimen, los que lo engañan, los que lo explotan. Enemigos, también, los que sirven y adulan a los poderosos y a los déspotas: histriones o lacayos, cómplices o mendigos. La mentira patriótica de los mercaderes es la antítesis del tierno sentimiento que constituye el patriotismo del corazón y de la armonía espiritual que pone dignos cimientos al nacionalismo civil. El patriotismo convencional de los políticos es al nacionalismo ingenuo de los pueblos como los fuegos artificiales a la luz del sol.

Sólo es patriota el que ama a sus conciudadanos, los educa, los alienta, los dignifica, los honra; el que lucha por el bienestar de su pueblo, sacrificándose por emanciparlo de todos los yugos; el que cree que la patria no es la celda del esclavo, sino el solar del hombre libre. Nadie tiene derecho de invocar la patria mientras no pruebe que ha contribuido con obras a honrarla y engrandecerla. Convertirla en instrumento de facción, de clase o de partido, es empequeñecerla. No es patriotismo el que de tiempo en tiempo chisporrotea en adjetivos, sino el que trabaja de manera constante para la dicha o la gloria común.

José Ingenieros, Las fuerzas morales, 1925

jueves, 27 de mayo de 2010

Ensor/Civet


Hace unos días me llevaron a ver la exposición de James Ensor al Museo Dolores Olmedo. Es una exposición pequeña pero inmensa en su contenido. Ensor se irá de las salas en junio. Quedan unos días para que vayan y vean el cuadro más hermoso de la susodicha exposición, el único de esa serie: Squelettes se disputant un pendu (Esquelos disputándose un ahorcado). Vayan y descubran la aparente blancura del cuadro, los colores que uno ha visto en la madera abandonada en una ciudad junto al mar, las calaveras amigas y las máscaras que niegan en la cotidianeidad. Vayan y lean "civet" en el letrero que cuelga de la lengua amoratada del ahorcado; y pregúntense por qué Ensor no usó la palabra "ragoût" (estofado) y sí la del estofado a base de cebollas y liebre ("civet"). Vayan y supongan que la muerte está hambrienta o que los seres siniestros que se ocultan tras las máscaras no han desayunado. O crean que el que cuelga es un chef caído en desgracia, o un carnicero que se murió de amor. Vayan y alimenten sus pupilas con los estofados de Ensor. El postre perdura en la memoria.

miércoles, 26 de mayo de 2010

La encimera (mínimo homenaje a Gabriel Vargas)


Así ocurría en la infancia. Estaba prohibido leer historietas, los "monitos". Pero también ocurría que en una casa habitaba una encimera, de esas muy blancas, propias de las cocinas.

Durante una temporada la urgencia de llegar a casa de la abuela no radicaba en cortar frutos maduros de la higuera, tampoco en descubrir sobre la encimeras de la cocina el plato repleto de chilitos rellenos de atún; y no, nadie corría a buscar los dulces ocultos en bolsas de papel de estraza. La magia de la casa de la abuela vivía en uno de los cajones de la encimera: dentro esperaba el último ejemplar de La Familia Burrón. Y si nuestras visitas familiares se tornaban esporádicas, al ejemplar único solían sumarse un par. Mi tía compraba la publicación y nos la dejaba leer a escondidas.

La lectura se realizaba al fondo del jardín, o al resguardo del cuarto de planchado, lejos del ojo enjuiciador. Borola, Regino, Macuca y El rizo de oro brillaban aún más bajo la luz de la culpa y la exaltación de lo clandestino.

Tuve acceso a otras historietas en casas de amigos y primos; y de mis libreros disfruté de los "monitos" que los canones de mi casa consideraban intelectualmente correctos. Pero nada ni nadie igualaron los colores de Borola Tacuche. Dulces sueños, Gabriel Vargas, creador de sonrisas.

viernes, 21 de mayo de 2010

Ocho alfileres tiene el silencio


1. Llevo semanas perdida en este laberinto por nadie venerado. Dentro de él no hay minotauros, sólo los muros desportillados de mis peores obsesiones. Hace días me he resignado. Ya no busco la salida, me adentro para encontrar el centro. Afuera el mundo sigue su tránsito dentro de otro laberinto.

2. Afuera nadie teme a la muerte, nadie atesora la vida. Adentro, la vida, es un témpano diminuto extraviado en un gran desierto.

3. La Tierra Baldía emerge durante el día. Me susurro que toda ella es producto de mi imaginación. La zozobra que late en mi esternón suelta una risilla.

4. He perdido mi tiempo en recrear laberintos cuando el único "real" es el del cuerpo, con sus torrentes, sus válvulas y sus fluídos. Todo este malestar es químico. El horror siempre ha estado presente, pero ahora me dilata las pupilas.

5. Quién desearía la desgracia de otros, quién la muerte de aquellos, quién la aniquilación del próximo. Ustedes, nimias escorias.

6. De mi fardel elijo los ovillos: una canción, un juego, un platillo. Tejo asideros dentro del laberinto con los hilos de mi cotidianeidad.

7. Y allá, en la cima, la locura enciende el hogar. Me espera, sin prisa. Abajo, en la planicie, recolecto guijarros azules para construir altares a dioses extintos.

8. Sólo es un desajuste químico. Mi cuerpo se ha cobrado las ausencias. Dentro de unos días el silencio encontrará la salida doblando a la izquierda del laberinto. Lo sé. Pero los guijarros azules decoran el altar del minotauro muerto.

miércoles, 12 de mayo de 2010

miércoles, 5 de mayo de 2010

Plúmbago


1. Y tal vez el silencio no es uno sino todos los silencios postergados. Los diminutos silencios color plúmbago que aguardan su tiempo para tapizar la acera de los días. Los silencios ignorados con su paciencia de santo que nos hacen callar un día.

2. Me he preguntado si quiero decir algo, si acaso tengo algo que decir. Espero la respuesta. Jamás contesto. El silencio está adentro, está afuera.

3. Pasan semanas y las palabras sólo son el espejo de los muertos que apilo, en sueños, cerca de la ventana.

4. Y tal vez todos los silencios, laboriosos como hormigas, lo han devorado todo. Y sólo nos queda sentarnos sobre los puntos suspensivos de esta nuestra tierra baldía.

lunes, 5 de abril de 2010

Utopía

¡Que sean cada día menos quienes viven en la ociosidad, que se vuelvan a cultivar los campos, y que vuelva a florecer la industria! Sólo así volverá a ser útil toda esa chusma que la necesidad ha convertido en ladrones o que andan como criados o pordioseros a punto de convertirse también en futuros ladrones. Si no se atajan estos males es inútil gloriarse de ejercer justicia con la represión del robo, pues resultará más engañosa que justa y provechosa. Porque, decidme: si dejáis que sean mal educados y corrompidos en sus costumbres desde niños, para castigarlos ya de hombres, por los delitos que ya desde su infancia se preveía tendrían lugar, ¿qué otra cosa hacéis más que engendrar ladrones para después castigarlos?

Tomás Moro, Del estado ideal de una república en la nueva isla de Utopía, 1516

jueves, 1 de abril de 2010

La ciudad del arcano sin número


Lejos de cualquier superstición, de cualquier creencia en el poder adivinatorio o de cualquier connotación religiosa, disfruto contemplar y aun coleccionar mazos del Tarot. Imagino cada carta como un ojo de agua donde se reflejan arquetipos, alegorías y metáforas que sintetizan la civilización de Occidente. Acaso las cartas representan la posibilidad de nombrar de otra forma lo ya nombrado. Así ocurre con la palabra escrita y con ciertos libros: se nombra lo que ya ha sido nombrado pero con sonidos y vocablos que nos muestran aquello que no hemos sido capaces de aprehender. Como si un alquimista reinventara el esperanto. [...]

A quien le interese visitar La ciudad del arcano sin número, compre su boleto para el suplemento Guardagujas.

Vayan, lean, imaginen.

p.d.: gracias a los que escriben y me permiten decir algo; gracias a los que publican ese algo que tenía que decir.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Solar


1. Temo el calor extremo, huyo de los rayos solares y respeto el crepitar del fuego. La muerte por fuego me horroriza. Creo que me bastan mis combustiones internas. Sin embargo, amo dedicar horas al fogón, tal vez porque mi gula es en realidad la armadura ante tanto pavor, o el triste antifaz de mi autodestrucción.

2. Tuve que caminar por las calles de La Colina bajo el rayo del sol. Había olvidado mis lentes y el hacer vicera con la palma de mi mano no bastó. La luz amarilla lo inundaba todo. Sentí calor y por un instante tuve el impulso de refugiarme bajo un árbol, en posición fetal, hasta que el sol muriera tras el horizonte de edificios. Tan solar y amarillo es el desconsuelo.

3. Tuve que caminar bajo los rayos del sol, en parte porque debía cumplir mis deberes y en parte porque temo que mi corazón estalle ante la ausencia de movimiento. Tan solar y amarillo es el desconsuelo que me detuve frente a un puesto de fruta: un kilo de esto, un kilo de lo otro y otros kilos de aquello.

4. Al regresar a casa coloqué acalorada mis compras de a kilo. Toda la fruta era amarilla. Pensé que el sol me había poseído. Ahí estaban sus rayos olorosos a piña, mango, guayaba, plátano y manzana. Todo mi desconsuelo yacía en ese frutero resplandeciente.