jueves, 30 de julio de 2009

Reloj de sol


Para mí, dormir por la noche es un gran logro que se desvanece horas después de despertar. Si duermo de noche tengo sueño todo el día; si duermo en el día puedo quedarme despierta 24 horas consecutivas. Algunos opinan que tengo un desorden de sueño; otros apuntan a mi digesta diaria de cafeína. Y no falta el que culpa al maldito cigarro. Creo que todos están equivocados. La culpa (si se le puede llamar así) la tiene el Gran Relojero.

El Gran Relojero es un señor bajito, muy viejo, que se encarga de colocar relojes en el seso de los recién nacidos. Así, sin más, como quien le pone baterías a un juguete nuevo, coloca el relojito en el lóbulo izquierdo del bebé en turno. A algunos les toca reloj digital, de pulso, análogo y hasta molecular. A otros les toca un cu-cu, uno de péndulo o un ruidoso despertador.
Pero ocurre que el Gran Relojero siente aún (es muy viejito) gran empatía por los relojes de arena y los de sol.

A mí me tocó un reloj de sol, por ello mis noches no están sujetas a horario alguna. Sólo durante el día tengo conciencia del paso del tiempo y sé que debo de dormir, y sé que he descansado y que es hora de despertar y de hacer lo que debo y lo que quiero hasta que el siguiente amanecer me indique que la jornada ha terminado. Lástima que el mundo me exija estar despierta de día, siempre tan temeroso de la oscuridad.

lunes, 27 de julio de 2009

Lunes de Arcanos


Los que han seguido mi blog anterior, y los que me conocen en persona, saben que uso las cartas del tarot. Poco me importa si alguien cree en ellas, si disfrutan de las diversa iconografía o si las han etiquetado de superstición. Yo las uso y eso basta, aunque también las comparto con quien se cruza en el camino.

Los lunes elijo una carta que aplica toda la semana. Cada cabeza es un universo. Cada persona transita caminos diferentes. Pero se me ocurre que "mi carta" puede ser la de otros. Y enfin, si alguien llega por aquí, o disfruta como yo de jugar con las cartas, algo encontrará.

Carta de la semana: La Torre o La casa Dios (Invertida)

Este arcano mayor nos habla de transformación y movimiento. Algo el plano terrestre se sacude y nos lleva a elevar la mirada. Pero al estar invertido debemos descubrir si el cambio está en marcha o si algo o alguien (nosotros mismos) lo detiene. Dentro de la secuencia de las cartas La Torre sigue a El Diablo y es la antesala a La Estrella. En lo personal El Diablo suele impedir que La Torre me lleve a La Estrella, una de mis cartas predilectas pues contiene mi mundo creativo y mi fe en lo que hago y en la gente que me rodea. Cada uno ha de reconocer el rostro de su propio diablo para intentar dominarlo y así continuar el camino que nos lleva a la estrella. En el plano cotidiano esta carta me pone alerta, el movimiento puede desatarse en cualquier esquina, con cualquier encuentro. Se debe cuidar la casa interna y la externa. Los lazos con La Estrella pueden asomar en estos días, aunque encontrarlos resulte arduo. Las transformaciones no siempre son bienvenidas, pero son necesarias (y a veces inevitables). Va.

domingo, 26 de julio de 2009

Cinco años de Osiazul


Y así, sin pena ni gloria, dejé pasar el quinto aniversario de Osiazul. No creo continuar con la ardua tarea de digitalizar textos y ponerlos a flotar en la red. Pero debo terminar el apartado de los cuentos rusos, el más exitoso del sitio y por el cual recibí correos entrañables. En esta actualización de aniversario he añadido el link para los textos en línea de La Guillotina: son gratis, son hermosos y basta un click para llegar a ellos. Sea.

jueves, 23 de julio de 2009

Pertenecer


Tardé años en entender lo que era el sentido de pertenencia y su origen primitivo. Solía atormentarme el no pertenecer a ningún grupo social aunque solía convivir con tantos y tan variados. Descifraba los cánones a seguir para integrarme, pero no lograba encontrar el nicho ideal.

Hace tiempo que ya no busco pertenecer. La gente que me rodea pertenece a distintos clanes. Disfruto ser el visitador de sus pláticas, sus imaginerías y sus pasiones. Mas cuando siento que me envuelven de más, me aparto unos días. Entonces desde afuera observo sus edificaciones donde se sienten protegidos, a ratos casi ungidos. Miro, también desde afuera, las ventanas pequeñas con sus vidrios de colores diversos. Y recuerdo cómo se ve el mundo a través de ellas. Comparo y trato de entender todos los puntos de vista para asir el horizonte todo.

Y a ratos temo quedarme atrapada en algún rincón tras mis visitas, para convertirme en guardiana de los cánones de tal o cual grupo. Temo quedarme sentada en un trono ficticio gobernando mis dominios y glorificando mi humana mezquindad. Entonces me dedico a contemplar las cosas sencillas como el polvo sobre el alféizar, las migajas sobre la mesa o la espuma que limpia mi loza.


Nota: fotografía "robada" a Francisco Javier Casado.

miércoles, 22 de julio de 2009

martes, 21 de julio de 2009

Falso pescado


Un pescado siempre es un pez muerto, pero un pez muerto no siempre es un pescado; lo sé al observar lo que queda de mi pez ángel en el fondo de la pecera. Yo no lancé redes o anzuelo, pero está bien muerto

Mas si Alicia conversó con la falsa tortuga y ya que la muerte chapotea en mis peceras, creo que podría conversar con el falso pescado. Aunque resultará complicado porque ha dejado de ser un falso pescado completo, sólo es un trozo, un jirón escamado. No lo saqué a tiempo, al ver sus ojos reventados me dio asco y su compañero de andanzas se ha dedicado a devorarlo.

Ayer comí pescado frito, pero era real no falso. Me preocupa el pez ángel canibal, no creo que comer falso pescado sea sano. En unos días sabré si se ha alimentado de proteína o simplemente ha devorado muerte.

Lo sé, a mi tortuga claro que la enterré, pero ella no era falsa. Y allá duerme, bajo el rosal. El falso pescado merece su ataúd de tripas.

Me voy a conversar con el falso pescado antes que desaparezca por completo. RIP.

lunes, 20 de julio de 2009

Patitas


En algunos códices el camino se simboliza con el glifo de la huella de un pie. No hay misterio alguno en su representación. Lo observamos y reconocemos de inmediato su significado.

Hace unos días lleve mis pies a revisar. Le sacaron huella a cada uno las cuales mostraron deformidades y pisadas erráticas. Las plantillas sanadoras vienen en camino.

Ahora me detengo a contemplar mis pies, antes me limitaba a guardarlas en sus zapatos y a darles la orden para andar el camino. Creo que las manos siempre han tenido el lugar de honor en cuanto a contemplación y representación gráfica se refiere. Como si el hecho de estar más arriba, más cerca de los cielos, les otorgara un dejo de divinidad. Los pies andan allá abajo, sobre el suelo, cerca de los gusanos, cerca de los infiernos. Pero basta sentir un dolor indefinido en el cuerpo para descubrir su rostro verdadero: el del ángel caído que ha sido desterrado porque conoce toda la realidad de nuestro camino andado.

viernes, 17 de julio de 2009

Perros muertos


Hago lo necesario para no perder asidero con la realidad. Emprendo labores ordinarias, escucho las voces de los transeúntes y toco la corteza de los árboles o el metal hirviente de las cajuelas de los coches. Pero los espectros se agazapan en mi cotidianeidad.

Nunca he temido a los perros, hasta hoy. Desde hace un par de días, mientras camino por la avenida, los perros callejeros me saludan: me descubren a distancia y comienzan a mover el rabo, fijando sus ojos de canica en los míos asombrados. Cuando paso a su lado me olisquean y me siguen. Temo que me muerdan la pantorilla, aunque de reojo veo que siguen moviendo su rabo.

Y busco respuesta a esta extraña empatía, y creo que mi olor ha cambiado o el del detergente que purifica mi ropa, o el de los líquidos espesos que nada pueden contra mis canas. Mas luego creo que los personajes de mis historias han huído de sus hojas o que todos los perros muertos que he visto andan sueltos por las calles. Unos y otros, seres imaginarios, me acosan. O tal vez sólo buscan derribar el asidero para que me pierda, nuevamente, en los mundos que temo crear.

Nota: El cuadro es de un pintor recién descubierto, vayan y devoren el color de Pablo Scioti.

martes, 14 de julio de 2009

De regreso a la carne


Me he imaginado como un gran bife en movimiento; grande, estriado,enrojecido corriendo por la avenida. Si encontrara la plancha adecuada sería todo un manjar: jugoso, con una porción generosa de grasa que crepitara invitante sobre las brasas ardientes.

Ya no soy huesos, vísceras y músculos sino un músculo todo que sube y baja la avenida huyendo de sí mismo.

Me he imaginado como un corte suculento que se aleja del universo de las ideas y de la palabra escrita, para sólo dejar una estela sanguiñolienta en este mundo de sinsentidos.

Y corro y me retuerzo y me sacudo como lo haría un bife gigantesco; huyendo de sí mismo, soñando en parrillas gigantescas y en bocas gargantuescas que me aparten de la putrefacción y sus blancos gusanos.

lunes, 13 de julio de 2009

El diario de la tibia (diario íntimo de Roderico)


Querido diario:

Hoy, por la tarde, fuimos a enterrar a la tortuga grande. Abrimos una fosa bajo el rosal con ayuda del cucharón de la sopa. Me he quedado con la duda de si utilizaremos de nuevo tan vital utensilio doméstico. Pero mi ama no anda de humor para dar respuestas. Ella dice que está triste porque se murió la tortu; pero en realidad la culpa la mordisquea. Ella la mató, ya sabes como es, siempre jugando a estar ocupada. La muy tonta, por escribir historias que nadie lee, dejó a las tortugas sucumbir en su putrefacción. Ni modo, por lo menos a la pequeña no la mató.

Creo que la tortu muerta se va a ir al infierno porque justo a la hora que realizamos el entierro el cielo todo estaba enrojecido. Mi ama dijo que era un crepúsculo citadino, pero ella no sabe nada: era el infierno que abría el portón para que la tortu entrara.

Es hora de partir a realizar mis labores domésticas antes de que mi ama se despierte. Ya sabes cómo le gusta el café recién hecho por las mañanas (aunque sus mañanas son relativas).

En espera de nuevas anécdotas,
tuyo, y egregio,
Roderico.

jueves, 9 de julio de 2009

Apio


Como cuando era niña, todavía me maravilla encontrar la rosa oculta al cortar el tallo de un apio. La dejo a la vista mientras cocino, y siempre siento algo de tristeza al arrojarla al bote de basura.

Entiendo la palabra "apio" cuando muerdo una rama crocante o cuando mordisqueo las hojas de sabor picante. Pero dejo de entenderla cuando preparo la sopa que hacía mi abuela: apio rebanado, arroz y caldillo de jitomate. La sopa posee más los sonidos suaves del inglés "celery".

No creo que la sopa de apio sea la mejor receta de mi "sopiario", pero sí es la más entrañable, la de sabor a infancia. He perdido la cuenta de las rosas ocultas descubiertas, pero cada una de ellas me lleva de regreso a la puerta de vidrio de una cocina extinta, a la higuera y a mi abuela frente al fogón.

martes, 7 de julio de 2009

Tras el conteo (en las criptas)


Tras el conteo, aquí en las criptas, yo soy la más sorprendida. Pensé que los huesos eran más sensatos, ya hasta había preparado mi discurso de agradecimiento. Pero el Partido Cerealista perdió. Quisiera decir que aquí, bajo tierra, todo es aullido y desilusión. Pero no, en las criptas hay gran fiesta: los muertos paleros celebran la victoria de Bolsomonstruo.

A estas méndigas creaturas fantásticas no se les puede dar un ápice de realidad porque terminan tomándose todo muy en serio. Mi contrincante no sólo ha obtenido la victoria sino que ha establecido una monarquía subterránea (él como rey, por supuesto).

Soy buen perdedor, pero cualquiera se encabronaría al mirar a Roderico: ha sido nombrado "Monseñor Absoluto de los Nichos". Sí, cualquiera se encabronaría y meditaría en regresar al cielo abierto al saber que he sido nombrada "Bufón Muy Gracioso del Reino (y sus periferias)". Bah, eso me pasa por jugar a la democracia con estos jijos muertos.

domingo, 5 de julio de 2009

A votar


Más allá de mi Partido Cerealista y del mítico Bolsomonstruo, y del barullo en las criptas, hoy sí voy a votar. Y lo repito, no creo en ningun partido ni en candidato alguno. En esta república bananera la democracia es un mal sueño. Y nuestros dirigentes unos estúpidos. Pero hoy me vestiré con mi traje de domingo y andaré la colina: tomaré mi papelito, lo marcaré, lo doblaré y lo arrojaré a la urna. Votaré como homenaje a los hombres y mujeres que dedicaron su tiempo para que en México, el 17 de octubre de 1953, apareciera en el Diario Oficial el decreto en el que se anunciaba que las mujeres tendrían derecho a votar y ser votadas para puestos de elección popular. Votaré como homenaje a aquellos que han tenido la esperanza que no tengo y la fe que sé vano sueño. Hagan lo mismo, vayan, voten por los patéticos rostros de las pancartas o anulen su voto; pero disfruten del acto de hacerlo por sí mismos sin que otros llenen las urnas con falsas cruces o les prohiban hacerlo por ser mujeres. Va.

domingo, 28 de junio de 2009

La cabellera color tabaco...


Como otros niños clasemedieros de la época, crecí entre los iconos televisivos, ciertas marcas de ropa y el tabú sobre varios temas. Los iconos se desdibujaron con el tiempo, a las marcas las sustituyeron otras. Y las respuestas a ciertos temas han llegado con los años.

Como otras niñas clasemedieras, durante una temporada, idolatré mi cabellera. La cuidé, la mimé y la admiré en el espejo más de una vez. Cuando Fabergé introdujo el Farrah Fawcett Shampoo, corrí a la tienda de autoservicio. Nunca deseé una cabellera rubia, pero procuraba obtener un brillo que opacara a la obsidiana. Sobre mi cabello no tenía dudas, aunque usaba ropa que cubriera mi gordura imaginaria, me pintaba para transformar mi rostro ordinario y leía libros para no ser tonta. Esta faceta duró un par de años, fue entonces cuando la conocí: era mi vecina, varios años mayor que yo, con una cabellera color tabaco inolvidable. Nos presentaron nuestras madres, nosotras nos limitamos a saludarnos educadamente. Nunca hablé con ella, no fuimos amigas, sólo éramos vecinas. Yo me limitaba a observarla cuando pasaba por los condominios, admirando su cabellera.

La reconocí de inmediato, mi vecina había sido elegida como modelo del comercial Farrah Fawcet Shampoo: allí estaba, en televisión nacional, agitando con gracia su cabello castaño. Me pareció que se veía más bonita en televisión, aunque en la vida real lucía más joven y más dulce. Cuando me la topaba en los corredores de los edificios trataba de saludarla, pues sentía un extraño orgullo al conocer a la modelo del comercial de mi shampoo favorito.

Pasaron un par de años, porque yo había dejado atrás la pacífica superficialidad para entrar a una adolescencia de autodestrucción. Ya no usaba el mentado shampoo. En aquellos días supe que mi vecina tenía leucemia. La noticia no me cimbró, creo que imaginé que se trataba de algo pasajero o simplemente no quise entender. Después de unos meses veía pasar a la ex modelo, que se dirigía a su universidad, con un tapabocas y una pañoleta en la cabeza de la cual asomaban algunos jirones de la otrora hermosa cabellera.

Fue durante una conversación con un conocido que mi negación se diluyó: él me platicó que solían burlarse de una alumna que todos los días iba con tapabocas y una pañoleta porque estaba calva. Ante las risotadas de mi interlocutor sentí horror. Me limité a decirle que era un estúpido, que el blanco de sus mofas tenía leucemia y que se estaba muriendo. Después de un silencio incómodo seguimos con nuestra cotidiana juventud.

Sin más, observé a mi vecina extinguirse día tras día, hasta que un día dejé de verla en su andar a la universidad.

Mas hubo un último adiós. Salía yo de mi apartamento rumbo a un antro de moda, muy peinada y muy maquillada. Me topé de frente con su padre quien, apurado, la llevaba en brazos. Ella entonces era diminuta, como una niña pequeña, bajo aquella manta. El padre se alejó a toda velocidad meciendo a su niña en los brazos. Ella ya no regresó a casa de aquel nuevo ingreso en el hospital.

Con las años me ha dejado de importar si soy fea, gorda o tonta. Ahora me atormentan otras cosas. Pero aún admiro la belleza bajo sus distintas manifestaciones: en ciertos versos, en los colores de un cuadro, en las notas de ciertas canciones, en la corteza dorada del pan, en los cuerpos, en los rostros o en las cabelleras color tabaco que me recuerdan a aquella extinta.

viernes, 26 de junio de 2009

votovotovotovotovoto

Y no se crean, aunque me gustaría permanecer al margen de las votaciones me resulta imposible. Hoy descubrí que las "promesas" políticas impresas en las pancartas cambian de tono según la delegación que ensucien: las hay más poéticas, mas refinadas o más populacheras. Las fotos también varían: están los candidatos risueños con cara de "soy tu amigo"; los de orgullo nacional de "ven por tu medalla olímpica", los que imitan la "mano dura de la justicia" y gritan decididos "seguridad o renuncio" (este es mi favorito, juar, juar). Y nada, me preocupa no poder mantenerme al margen y dejarme de bromitas estúpidas. Pero, entre las caras de estos parias y la ausencia de mi cereal colorido, la cordura se desvanece.

Por principio jamás votaría por la hipócrita derecha ni por la traidora izquierda ni por la decadente dictadura ni por los verdes timadores ni los partiditos comodines. ¡Mierda! pero por algo debo de votar (y comer cereal al mismo tiempo).

Por fortuna, aquí en las criptas, para todo hay solución. Hemos decidido crear nuestro partido, imprimir nuestras planillas y hasta formar centros de capacitación allá en los nichos. Todo aquí es fiesta y movimiento. Mañana saldré a las calles a repartir mis folletos (y de paso compro mi cereal):



¡¡VOTA ASI: Partido Cerealista Mexicano!!

Nota: Y para que no se diga que el PACEM es un partido único y que nuestras elecciones son anti democráticas, bolsomonstruo se ha ofrecido como contendiente:


¡¡O VOTA ASI: Bolsomonstruo!!

¡¡Urnas, urnas, urnas, ra, ra, ra!!

martes, 23 de junio de 2009

Democracia sin cereal, pero con monstruo


No logro encontrar paz. Hoy regresé al supermercado y sin superar mi fobia contra mi otrora cereal favorito. Y a esto se ha sumado una terrible certeza: todos los candidatos han desaparecido. Estoy segura, porque sé de estas cosas, pues he dedicado tiempo a leer y meditar sobre la imaginería de los pueblos. Así es, es triste decirlo, ademas de la ausencia de cereal en las criptas nos hemos quedado solos, a la deriva: los candidatos se han ido.

Me ha bastado observar la avenida para encontrar pruebas del abominable crimen. Sin duda esto ha sido obra de un bolsomonstruo.

Para los neófitos: el bolsomonstruo es una inmensa bolsa de plástico -llena de basura, por supuesto- que suele dormitar en el día en cualquier terreno baldío; pero que de noche sale, rodando, a cometer sus fechorías. Oriundo de las grandes ciudades, el bolsomonstruo no conoce límites en lo que a su hambre se refiere. Succiona, masca, tritura y deglute cualquier inmundicia; para luego regurgitarla y colgarla sobre los postes de luz. Los hombres, tan impresionables, suelen entrar en trance ante el colorido de dichas secreciones.

Sólo queda lamentarse y guardar luto por los caídos. El bolsomonstruo ha devorado a los candidatos. Sus restos han quedado ahí, en las pancartas que inundan, nauseabundas, los postes de la colina. ¡Maldito seas, bolsomonstruo! Y aquí, en las criptas, nos hemos quedado sin el consuelo del cereal crocante. Nada se puede hacer ante tal devastación.

jueves, 18 de junio de 2009

Democracia, aves y cereales


1. En estos días en los que la palabra democracia es masticada y escupida por todos hasta que se convierte en un bagazo insípido, he decidido ser democrática. Había olvidado un partido, la imagen me reivindica.

Hace un par de días recibí la llamada de una grabadora. La señorcita del partido verde me invitaba a dejar de desperdiciar mis impuestos en mantener criminales en las cárceles mexicanas. Como solución me ofrece ser verde y votar por ella. Y ella, como una madre amorosa, lleva de la mano la propuesta de la pena de muerte. He de decir que la mentada grabación tenía el tono de quien trata de explicar algo a un estúpido: a ver, imbecilita, la pena de muerte va a ser justa, porque nuestros jueces son los únicos que la pueden aplicar, y ellos son justos, muy sabios, únete, diles a tus amigos y familiares, anda, pequeña, anda y ve.

Sé que la gente es estúpida, basta mirar bananalandia para darse cuenta. Sí, la gente es estúpida: no logran ver que los criminales de altos vuelos se echan volados con la muerte a diario, y que un volado más no los va a amedrentar. La pena de muerte no soluciona nada, nada, entiendan na-da. Los "malos" no temen a su mortalidad. Pero los demás, los "buenos", viven aterrados; y la forma más burda para quitarse el miedo es creer que se posee a la muerte, aplicándola.



2. Días atrás los verdecitos me parecían una caricatura. Pero ahora les tengo respeto, mas no se confunda, lector: mi respeto es el mismo que le tengo a las alimañas ponzoñosas. Basta conocer un poquito de historia para saber que la catástrofe surge de aquellos que siembran miedo.

Me horroriza un partido que toma como emblema una especie protegida y al mismo tiempo riega las ciudades con su basura promocional. Me asusta un partido que se hace llamar "el partido de la vida" mientras eleva su estandarte de muerte; porque en la contradicción asoma, con descaro, la manipulación.

Pero el atucanado partido tiene su mérito, pues ha logrado usurpar el peldaño del partido por el cual nunca iba yo a votar. Sí, tiene su mérito, pues también han logrado que dude ante los anaqueles del cereal: ahora compro un cereal más sano y temo llevar a casa los aros radiactivos que tanto me gustaban. He imaginado que el buen Sam, el tucán, se transformará en ave de mal agüero y planeará por la casa chillando con la misma vocecilla de la grabación aquella.

3. Extraño el cereal afrutado y crocante. Decido masticar democracia, como todos en nuestra república bananera. Los partidos existirán siempre; a pesar de su desinterés por el bien común, a pesar de su descarada ambición, a pesar de sus mentiras y sus falacias, a pesar de su oscuro interés al desear que la gente siga estúpida y temerosa. Y no sé, la democracia es una pesadilla de la que nadie quiere despertar.

domingo, 14 de junio de 2009

Yo también pido...


Y a esperar. Veremos si cuajan las gelatinas...

jueves, 11 de junio de 2009

del voto y papeles varios


Por azares del destino, hoy fui a dar una clase a una biblioteca pública. Se trata de una edificación grandísima y hermosa. Personas de todos los colores entra y sale. Y sí, todavía existe gente que dedica su tiempo libre a buscar libros o a asistir a círculos de lectura.

Por azares de otra índole, entré a los sanitarios de dicha biblioteca: dos espacios con lavamanos y uno oblongo a modo de galerón de letrinas. La higiene es precaria y muchos de los cubículos están fuera de servicio. En ninguno de ellos hay papel higiénico, ni siquiera un mísero cuadrito.

Hay agua corriente tanto en los excusados como en los lavamanos. Pero las manos se deben secar al aire, agitándolas. Y si uno trae libros, debe secarlas aleteando (para mayor velocidad).

Enfin, es peor traer la inmundicia propia contenida. Pero al terminar la clase, de regreso a casa y con un ansia añeja de papel, me dediqué a otear las avenidas: en ellas flotan, papalotean y colorean cientos de pancartas, espectaculares y demás artículos promocionales con los rostros y logotipos de los partidos políticos mexicanos que piden nuestro voto en las próximas elecciones.

He querido conocer el costo de toda esta estúpida publicidad para hacer el cálculo exacto de cuántos papeles higiénicos se podrían comprar para abastecer la biblioteca visitada. Estoy segura de que nos alcanzaría hasta para un secador de manos. Y como los ilustrados somos compartidos, donaríamos lo que sobrara a escuelas, hospitales, asilos y demás estancias gubernamentales.

Lo sé, mi reclamo tiene tintes de patética burguesita. Pero la gente que busca ampliar su horizonte, buscar nuevos canales de comunicación y deja las urgencias de lo cotiano para conocer la palabra escrita merece, mínimamente, un pinche papel higiénico en los sanitarios. Mujeres, niños, hombres y ancianos agradecerían los cuadritos afelpados.

Cuando las elecciones terminen cada partido político debería tomar sus kilos de plástico y cortarlos en cuadritos para abastecer las salitas de baño de sus candidatos; y a cambio darnos los rollos del preciado papel para usarlo en lugares más ilustres.

Lo sé, soy una burguesita patética. Sin embargo, a ratos creo en la gente y en su impulso por saber. Por que en ello nos va la transformación.

No se engañen, mi papel higiénico sólo es una alegoría de todas las carencias, de todos los vacíos y de todos los absurdos que ocurren en esta república bananera. Pero mi deseo de que nuestros futuros diputados se limpien el culo con sus afiches, no es metáfora, es una cita textual.

Y en fin: el voto nulo, el voto útil o la abstención, dan lo mismo, al final todo se va por el retrete (menos los ganadores de la rifa, mierd...).

martes, 9 de junio de 2009

Laberinto


Aquí, en las criptas, estamos los que creemos, con fe ciega, que el laberinto del Minotauro no existe ni existió en una ciudad extinta ni tras los muros de una isla.

Aquí, en las criptas, el laberinto es una espiral dulcísima; sin encrucijadas, sin esquinas y sin puertas secretas.

Aquí, en las criptas, estamos los que sabemos que el fin es la última certeza. Pero para nosotros, el último recorrido de nuestro laberinto nos llevará a la muerte azucarada que otros temen saborear.