miércoles, 19 de enero de 2011
domingo, 2 de enero de 2011
Cabañuelas (actualizado)

Gracias a @duguvan, quien comparte la anécdota abuelos-cabañuelas ajusté mi tabla de pronósticos. Parece que la metodología es más compleja. He aquí un artículo de Mexico Desconocido que resulta una buena guía.
Me temo que mis cabañuelas sólo pertenecen a La Colina y territorios adyacentes. En esta ciudad es imposible generalizar: mientras que los del norte padecen sequía, los del sur desarrollan branquias. Y mientras los del este cuentan borregos en el cielo, los del oeste se deslizan en el arcoiris. Total, al final lo que importa es lo que veo tras esta ventana.
Día 1 (Enero): frío y húmedo, de lloviznas tímidas.
Día 2 (Febrero): sol blanco perturbado por ventiscas ocasionales.
Día 3 (Marzo): sol amarillo, aire de tibiezas sugeridas.
Día 4 (Abril): sol, el calor cuaja en las esquinas.
Día 5 (Mayo): sol y suspiros del infierno.
Día 6 (Junio): calor seco.
Día 7 (Julio): calor seco.
Día 8 (Agosto): el infierno.
Día 9 (Septiembre): la sequía refresca por las tardes.
Día 10 (Octubre): la tibieza titubea.
Día 11 (Noviembre): la tibieza y las ventiscas nocturnas.
Día 12 (Diciembre): el frío amanece.
**
Día 13 (Diciembre): el frío intenso y su llovizna.
Día 14 (Noviembre): el frío seco.
Día 15 (Octubre): el frío cede a la tibieza nocturna.
Día 16 (Septiembre): el calor y la sequía regresan.
Día 17 (Agosto): calor.
Día 18 (Julio): calor.
Día 19 (Junio): calor.
Día 20 (Mayo): calor tímido.
Día 21 (Abril): calor tímido.
Día 22 (Marzo): tibieza diurna, frío nocturno.
Día 23 (Febrero): Vientos.
Día 24 (Enero):
**
Día 25 (Enero-Febrero):
Día 26 (Marzo-Abril):
Día 27 (Mayo-Junio):
Día 28 (Julio-Agosto):
Día 29 (Septiembre-Octubre):
Día 30 (Noviembre-Diciembre):
***
Día 31:
12-2 am (Diciembre)
2-4 (Noviembre)
4-6 (Octubre)
6-8 (Septiembre)
8-10 (Agosto)
10-12 (Julio)
12-2 pm (Junio)
2-4 (Mayo)
4-6 (Abril)
6-8 (Marzo)
8-10 (Febrero)
10-12 (Enero)
sábado, 1 de enero de 2011
Cabañuelas y 2011

Algunas abuelas hablaban de las cabañuelas, así ocurría con la de Libia y con la mía. Al iniciar el año, durante los primeros doce días de enero, verifico el clima. Imagino entonces que así será en tal o cual mes del año. Pero cuando el año transcurre y los días se agolpan olvido por completo mi predicción.
Hoy, primero de enero, el día amaneció nublado. Al abrir la ventana la humedad entró de golpe. La sequía siempre me provoca desasosiego, la promesa de lluvia me parece más luminosa que el sol sobre el cielo despejado. Me tranquiliza que, según las cabañuelas, enero será un mes frío y húmedo, de lloviznas tímidas. Entonces decidí anotar los primeros doce días de enero y su clima en este blog. Dejarme de olvidos:
Día 1 (Enero): frío y húmedo, de lloviznas tímidas.
Día 2 (Febrero):
Día 3 (Marzo):
Día 4 (Abril):
Día 5 (Mayo):
Día 6 (Junio):
Día 7 (Julio):
Día 8 (Agosto):
Día 9 (Septiembre):
Día 10 (Octubre):
Día 11 (Noviembre):
Día 12 (Diciembre):
En realidad no me importa si mis pronósticos llegan a buen término, aunque creo que las predicciones son maleables. Me interesa conservar la magia que presentía en las palabras de mi abuela; la misma magia que materializo a la mínima provocación como única posibilidad de asir este mundo. O tal vez todo es un pretexto para escribir. Y todo lo anterior es la exhibición de mi ocio. Ojalá todos tengan magia y pretextos y ocio para este año 2011.
jueves, 16 de diciembre de 2010
Terreno baldío
Algunos cuartos de esta casa dan a un terreno baldío. La gente suele usarlo como contenedor de basura. Pero no siempre fue así. Hace muchos años, cuando era niña, el terreno era una especie de pastizal. Todas las tardes alguien llevaba ahí a sus vacas. Me gustaba observarlas: balanceaban la cola, masticaban la hierba y mujían de vez en vez. Algunas veces creía que ellas también me observaban con esos ojos dulces que sólo las vacas pueden tener.
Pasaron los años y un día llegó una familia a vivir al terreno. Construyeron dos cuartos con tabique y techo de lámina. Meses después pintaron de verde la fachada de la casa. Los niños salían a jugar con carritos o a corretearse sin ton ni son. Tiempo después dedicaban las tardes a columpiarse; su padre les había construido un columpio con un mecate y una tabla en la rama del único árbol que había en el terreno.
Me gustaba espiar a la familia, escuchar el bullicio de los niños y la voz firme de su madre que los aplacaba mientras lavaba la ropa o los trastes en el fregadero que estaba junto a la puerta de entrada. En los días calurosos la familia se sentaba bajo el árbol, podía verlos gesticular. Imaginaba las anécdotas que contaban, y hasta suponía que a veces se decían que se amaban mucho.
Ocurrió una Navidad, el padre trajo un pino para sembrar. Lo vi cavar a unos metros de la casa mientras sus hijos entraban y salían llevando cajas pequeñas de cartón. Decoraron el árbol con esferas de colores y escarcha; hasta la noche descubrí que también tenía luces. En la Nochebuena rompían una piñata mientras escuchaban música a todo volumen. También había bengalas.
Un día la casa del terreno baldío quedó en silencio. Al principio pensé que la familia había salido de viaje, pero no fue así. Supuse que otra familia vendría a habitar la casa verde pero la puerta permaneció cerrada. Con el transcurso de los años la casa fue la que se mudó a pedazos: primero fue la puerta, luego los marcos de las ventanas, le siguieron las láminas del techo. Y paulatinamente los tabiques desaparecieron. Era como si un ejército de hormigas se hubieran llevado los muros de la edificación al confundirlos con terrones de azúcar.
Lo dicho, hoy el terreno baldío es un contenedor de basura. En tiempo de lluvias es casi tan verde como lo fue la casa, emana una combinación de hierba húmeda y putrefacción. En tiempo de sequía se incendia, entonces los bomberos llegan raudos a silenciarlo. El árbol que fue único creció torcido, tal vez por culpa del columbio: sus ramas reptaron, se hundieron y emergieron formando falsos árboles por doquier. El pino sigue ahí, inmenso; de adornarlo necesitaría muchas cajas de adornos y una gran escalera.
A ratos imagino que aquellos niños tienen ya sus propios niños, que adornan árboles en estas fechas, cortados o plantados. Quiero creer que recuerdan su casa verde de la infancia, el columpio improvisado, el fregadero exterior y el día que su papá plantó un árbol. Quiero creer que recuerdan a la niña que los espiaba por la ventana. Pues esa es la verdadera posesión, la de la cotidianeidad y sus objetos sencillos, las de las voces que sólo son un momento; todo lo que habita, fantasmagórico, en los terrenos baldíos de unos y otros.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Curaduría

1. De existir eligiría la profesión de visitador de museos. Elaboraría una lista de todos los museos del mundo, trazaría una ruta y pediría presupuesto a las autoridades pertinentes para cubrir el itinerario. Escribiría una bitácora, haría una maestría y un doctorado, y terminaría dando cátedra en las universidades de prestigio. Tal profesión existiría si tuviera alguna utilidad para la sociedad.
2. Desde niña me gustan los museos aunque ahora dudo sobre lo que de ellos me atrae. El fin último de la visita no es conocer lo que ahí se expone sino la posibilidad de entrar a las edificaciones de arquitectura diversa para caminar por los corredores, sin prisa, protegido de los elementos.
3. Sí, creo que me gustan los museos por el placer de admirar la composición: las salas inmensas o los laberintos, la iluminación indirecta, la tipografia de los letreros, las vitrinas limpias, los colores de las paredes, las texturas de las mamparas. Disfruto de la temperatura ambiente controlada, aunque me gusta más cuando hace un poco de frío: esa frontera entre la temperatura ideal y el tiritar. Camino dentro de los museos a veces con expectativas, pero casi siempre como un animal manso en espera de que algo lo sorprenda.
4. Desde niña me detengo a observar ciertas piezas. Quien crea que lo hago motivada por mi alto sentido de la apreciación, se equivoca. Sólo trato de grabar esa escena en mi memoria, pretendo poseer esa obra de arte para recreerla en los días venideros una y otra vez.
5. A veces temo sobre nuestra capacidad para detectar la belleza. Otras sobre si lo que he visto es realmente bello. Dentro de un museo la belleza, de alguna manera, está impuesta. Imagino una pieza de arte fuera de contexto: sobre mis manos, dentro del refrigerador, en la banqueta, sobre el cofre de un auto. Entonces me pregunto si ha perdido algo de su esencia lejos de los corredores, de las luces, de los letreros, del no tocar.
6. Suelo hacer cosas tan inútiles como la profesión inexistente de visitador de museos. Salgo a la calle y dedico un tiempo a imaginar que estoy en un museo. Camino lento y busco en los muros de las casas, cerca de las alcantarillas, en los rostros de los transeúntes, en los rines de los coches, o en la inmundicia de las banquetas alguna señal de los curadores invisibles. Busco la belleza prófuga de los cánones, la que olvidamos cómo detectar. Si la encuentro, la observo. Trato de grabar la imagen en mi memoria. Ocurre que alguna persona busca con su mirada lo que yo trato de poseer. Pero nada ve, pues no hay luces ni corredores ni letreros ni el no tocar. La persona sigue su camino. Yo sigo el mío, hasta la siguiente sala.
martes, 23 de noviembre de 2010
La piel dorada y otros animalitos (reloaded)

La primera edición de estos cuentos fue un homenaje a las erratas. La mayoría de los ejemplares se quedaron guardados. Me parece inútil imprimir una segunda edición; pero me hace sentir bien el tener en línea una edición "limpia":
La piel dorada y otros animalitos
Este es el adiós oficial al mundo de los cuentos.
jueves, 11 de noviembre de 2010
Escritor/Escritora

Llegará el día en el que el género en las profesiones no tenga importancia, en el que el uso de la arroba no sea el guiño de la equidad. Pero ese día no ha llegado ni lo hará en corto. Lo que ha regido en siglos de civilización no se transformará en unas cuantas décadas. Son las reglas del juego.
Sí, llegará el día en que los roles no tengan género; en el que hombres y mujeres puedan elegir las actividades y los intereses que los hagan sentir plenos lejos de cánones impuestos. Pero mientras ese día llega resulta vital levantar la mano y señalar lo que ha de ser erradicado.
Hace unas semanas Gabriela Damián, escritora, escribió en su blog sobre el debate que siguió al artículo Extraños números de Fernando Escalante. Nada de lo que se dice en ambos artículos es novedad: escritores y escritoras, lectores y lectoras, lo sabemos. Sin embargo, como escritora, me complace descubrir que las estadísticas ocupan a algunos.
Observo que en mi agenda hay más nombres de escritores que de escritoras. Antes de creer que mis relaciones sociales padecen algún tipo de misoginia, reconozco que en ciertas profesiones el "ellos" posee la mayoría. He sido tallerista y sé que en los años venideros el porcentaje cambiará; siempre y cuando escritores y escritoras promovamos espacios para la creación y despertemos en las personas la urgencia por la lectura.
No creo que la literatura tenga género, resulta aberrante. Las letras de Yourcenar son más allá de que fueran escritas por una mujer; las letras de Faulkner son más alla de que fueran escritas por un hombre. Pero la palabra escrita sí tiene la capacidad de mostrar los géneros en un determinado contexto. Así lo hace Luis González de Alba en ¿Cuotas por género?. En su respuesta histérica a Escalante, González de Alba simpatiza con los clichés que debemos destruir. Quiero creer que su artículo era un ajuste de cuentas con Escalante (por motivos que los lectores desconocemos); pero le salió el tiro por la culata (me permito tomar un tono más "macho"). Si un miembro del Comité Editorial de la revista Nexos es capaz de escribir tal artículo, no es de extrañar que algunos sospechen que en la elección de articulistas "hay gato misógino encerrado"; y de que dudemos que Nexos sea una de las revistas de mayor prestigio intelectual en México.
El debate continúa, y continuará. Escalante respondió en Más sobre los extraños números, mientras que Alberto Chimal compartió su punto de vista en ¿El sexo de la escritura?
Como escritora, como escritor, creo que deberíamos ocuparnos de las letras; de lo que queremos crear con ellas, de lo que queremos comunicar con ellas, más allá de los brincoteos de la jauría. Si nos enfrascamos en competencias de animalitos en celo, la palabra escrita pierde su quinta esencia y se convierte en el reflejo detestable de lo que no hemos podido cambiar.
lunes, 1 de noviembre de 2010
Altar y "perritos"

1. A veces temo que los días sólo sean el eco de otros. Que lo que hago se convierta en un acto reflejo cotidiano; que recuerde las mismas cosas a horas precisas del día, o relate la misma anécdota desgastada a las mismas personas con falsos rostros de sorpresa.
2. Hervir la calabaza, oler el piloncillo, colgar el papel picado, sacudir las calaveras, llenar el plato con sal, vertir el agua en los tarros diminutos, encender las veladoras. Monto mi altar. Ahora evito ver los rostros de las fotografías. Estoy cansada de ver hacia atrás.
3. No tuve tiempo de ir al mercado de Mixcoac; lástima, me gusta comprar esos panecillos miniatura que venden junto al puesto de las flores. Compré mis flores con el vendedor de las flores de diario. La culpa se alejó con la lluvia que cayó en la víspera de noviembre. Este día de muertos me ha canjeado pan por flores, miniatura por lluvia.
4. Encontré "perritos" como los que había en el jardín de mi abuela, y en muchos jardines de casas chilangas. Conocí esas flores por ella: son perritos, ladran. Todavía puedo ver su mano al arrancar una de las flores de aquel racimo, acercarla a mi cara mientras presionaba la base. La flor "ladraba".
5. Los "perritos" son Antirrhinum majus, también se les conoce como flor de dragón. Pero sé que mi infancia, en el jardín de mi abuela, no podía ser de dragones sino de ladridos y diminutivos, de cochinillas y de higueras que "enguichan".
6. Ya no me acordaba de los "perritos". Mis recuerdos aún me pueden sorprender, si es que algo o alguien les enciende una veladora para que encuentren el camino de regreso. El olvido es inevitable, pero la posibilidad de postergarlo es suficiente. Dejaré que los "perritos" ladren, sólo hoy.
domingo, 31 de octubre de 2010
sábado, 30 de octubre de 2010
Los versos de Miguel Hernández inundan la Red

Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Miguel Hernández, poeta recordado en las Criptas al secundar la iniciativa de leer.es. Hagamos que la Red se inunde con sus versos.
Cancionero y romancero de ausencias
(fragmento)
Miguel Hernández, 1910-1942
[1]
Ropas con su olor,
paños con su aroma.
Se alejó en su cuerpo,
me dejó en sus ropas.
Luchas sin calor,
sábana de sombra.
Se ausentó en su cuerpo.
Se quedó en sus ropas.
[2]
Negros ojos negros.
El mundo se abría
sobre sus pestañas
de negras distancias.
Dorada mirada.
El mundo se cierra
sobre sus pestañas
lluviosas y negras.
[3]
No quiso ser.
No conoció el encuentro
del hombre y la mujer.
El amoroso vello
no pudo florecer.
Detuvo sus sentidos
negándose a saber
y descendieron diáfanos
ante el amanecer.
Vio turbio su mañana
y se quedó en su ayer.
No quiso ser.
[4]
Tus ojos parecen
agua removida.
¿Qué son?
Tus ojos parecen
el agua más turbia
de tu corazón.
¿Qué fueron? ¿Qué son?
[5]
En el fondo del hombre
agua removida.
En el agua más clara
quiero ver la vida.
En el fondo del hombre
agua removida.
En el agua más clara
sombra sin salida.
En el fondo del hombre
agua removida.
[6]
El cementerio está cerca
de donde tú y yo dormimos,
entre nopales azules;
pitas azules y niños
que gritan vívidamente
si un muerto nubla el camino.
De aquí al cementerio, todo
es azul, dorado, límpido.
Cuatro pasos, y los muertos.
Cuatro pasos, y los vivos.
Límpido, azul y dorado,
se hace allí remoto el hijo.
[7]
Sangre remota.
Remoto cuerpo,
dentro de todo:
dentro, muy dentro
de mis pasiones,
de mis deseos.
[8]
¿Qué quiere el viento de encono
que baja por el barranco
y violenta las ventanas
mientras te visto de abrazos?
Derribarnos, arrastrarnos.
Derribadas, arrastradas,
las dos sangres se alejaron.
¿Qué sigue queriendo el viento
cada vez más enconado?
Separarnos.
viernes, 29 de octubre de 2010
Mis muñecas, tus muñecas (2 de 2)

3. Bratz
Mi mejor amiga me regaló una Bratz, fue un deseo cumplido. No sé por qué me gusta la muñequita, es mi antítesis; tal vez sea su calidad de cliché o de caricatura. es casi la fusión de mi Lagrimitas y mi Barbie Malibu. Es una miniatura, no es mujer, no es niña. Pero sí es el estereotipo de muchas mujeres.
Esta muñeca representa una época, como lo han hecho otras muñecas. Me queda la duda de si los juguetes son espejo de una sociedad o son el canon que la diseñan. Me parece que es el mismo dilema del huevo y la gallina: ¿qué fue primero, mi vecina o la Bratz? En realidad deseo que la respuesta sea que las muñecas no hacen a las niñas, de ser cierto aceptaría que las mujeres son incompetentes. Si las muñecas hacen a las niñas deberíamos prohibir la venta de Bratz y todas las muñecas. Plasmar la certeza de la estupidez femenina en los anaqueles vacíos de las jugueterías.
El juguete, muñeca o no, debe ser el espacio donde cualquiera, niño o no, comunique sus inquietudes, sus deseos, sus temores y anexas de forma lúdica. Este espacio no debería tener fronteras ni géneros. La equidad de género tendría que iniciar en el ámbito del juego: juguetes unisex. No más "esto es de niños", "esto es de niñas"; sólo un "estos son juguetes".
4. The Sims 2A mis 43 años sigo jugando con muñecas, pero virtuales. En los últimos años he construido generaciones completas de "muñecas". Es un espacio lúdico casi ilimitado. Y uno juega a las muñecas en una utopía.
De este juego disfruto la diversidad y la equidad que no vi en mis juegos de infancia. Y que sigo sin ver en juegos de hoy en día.
Todos deberíamos jugar con este simulador de vida, pero eligiendo una "muñeca" que represente nuestro opuesto, lo que nos es ajeno o aquello que nos provoque aversión. Bastarían unas horas de juego para descubrir que todos somos diferentes sólo en la superficie, como ocurre con las muñecas.
martes, 26 de octubre de 2010
Mis muñecas, tus muñecas (1 de 2)

1. Lagrimitas
No sé qué era lo más cautivador de esta muñeca, si su calidad de miniatura o el estribillo de la canción del comercial. Aquel "llora, llora y mueve sus manitas" fue el objeto del deseo de mi temprana infancia. Fui afortunada, la caja de Lilí Ledy apareció bajo el árbol una Navidad.
A la distancia no puede culpar a mi Lagrimitas ni a otro "muñeco bebé" de haber elegido la maternidad. O de llorar con un anuncio de televisión. Pero me queda una sensación de incomodidad en la asociación de lo femenino con la maternidad y las lágrimas. La muñeca Lagrimitas era una niña, no existía la opción de bebé varón; acaso porque en el imaginario colectivo de aquellas epocas "los niños no lloraban", aunque fueran bebés.
Algunos dirán que esos eran otro tiempos, que ahora las niñas pueden elegir el sexo de sus muñecas bebé. Algunos dirán que vivimos en tiempos de igualdad. Sin embargo, en la mayoría de los casos, los niños no tienen la opción de elegir un bebé para jugar a la paternidad. Y todavía no he visto un G.I. Joe con el mecanismo de la Lagrimitas, que llore ante la devastación provocada por sus misiles de plástico.
2. Barbie MalibuLos accesorios y la ropa no eran lo atractivo de esta presentación sino el bronceado perfecto de la muñeca que contrastaba con la cabellera rubia. Antes de la aparición de protectores y bloqueadores eficaces, y antes de que el cáncer de piel tuviera su estelar en la salud pública, el bronceado era sinónimo de belleza y de estatus. Y sigue vigente.
Nunca quise el cabello rubio pero sí deseé el bronceado de la Barbie. Tras años de sol, ampollas y cara de camarón aprendí cómo broncearme. Admito que fue una obsesión. Tuve una adolescencia Barbie: busqué bronceados, accesorios y ropa. Me contemplé en el espejo, dediqué horas a maquillarme, y sufrí al descubrir un kilo de más en la báscula.
El estigma Barbie quedó atrás, para mí. Muchas mujeres suelen quedarse atrapadas en él. No tengo nada contra el arreglo personal, "la belleza se agradece", pero dedicar la energía toda a ello es un desperdicio. El estigma Barbie transforma a las mujeres en simples ornatos. Un ejército de muñecas tiene todas las batallas perdidas. No imagino cuantas ideas se han ahogado en los mares de silicón. O cómo sería el mundo si desde hoy a los hombres se les impusiera el estigma de Kent: sean hermosos, luchen por su abdomen de lavadero, por sus biceps torneados y un sin fin de accesorios. Eso sería igualdad.
Continuará...
sábado, 16 de octubre de 2010
El terror

Uno busca justificar sus empatías. O simplemente darles respuesta. Llevo años consumiendo terror como si se tratara de una golosina. Busco en la plástica, en las letras. Los autores y los títulos se desvanecen en el torbellino, como ocurrió con aquel barco descrito en un manuscrito hallado en una botella.
La búsqueda es infinita. Cuando me fatigo me contento con sonreirle a los esqueletos que habitan esta casa. No me da pena decir que hablo con ellos. Su plática es más dulce que la de muchos habitantes de este planeta.
Leo, contemplo, sueño terror. Me resulta tan familiar y tan bondadoso como una rebana de pan. Mis amigos agusanados, mis amantes colmillo, mis no muertos que mueren una y otra vez. Están los aullidos, las puertas quejumbrosas y el ulular del viento. La humedad y la putrefacción perfuman los días.
Soy adicta al cigarro y al terror. Algunos dicen que es por genética. Otros dicen que la terapia jamás funcionó. Nada de esto es cierto. Soy adicta porque me sobra ansiedad y me ahoga la tristeza. Ira contenida, exclaman por ahí. Tal vez, la ira es sólo la imposibilidad de la resignación.
Puedo caminar en la oscuridad iluminada por los rostros de todos los entes que he conocido. En mis pesadillas no hay monstruos. El horror es en este lado del espejo.
Mi búsqueda continúa. Siempre en espera de descubrir el texto que me inquiete, la escena que me haga cerrar los ojos. Encontrar el terror que conmueva. Y camino los pasos del hombre lobo, del hombre de la laguna, de los fantasmas de azúcar, de los zombies tortuga, de los seres cósmicos. No hay nada patológico en ello. Lo dicho, el horror es en este lado del espejo.
Tengo vicios, son mi asidero; aunque en ellos late mi inmolación. El terror es más un vicio placebo para engañarme a mí misma. Lo tomo como cualquiera toma una cucharada de jarabe para la tos. Es un terror controlado, de autores e imágenes. Lo tomo para quitar la mirada del verdadero horror que escurre en las calles de todos. De otro modo este lado del espejo sería invivible.
viernes, 1 de octubre de 2010
Octubre
Robert Frost
O hushed October morning mild,
Thy leaves have ripened to the fall;
To-morrow's wind, if it be wild,
Should waste them all.
The crows above the forest call;
To-morrow they may form and go.
O hushed October morning mild,
Begin the hours of this day slow,
Make the day seem to us less brief.
Hearts not averse to being beguiled,
Beguile us in the way you know;
Release one leaf at break of day;
At noon release another leaf;
One from our trees, one far away;
Retard the sun with gentle mist;
Enchant the land with amethyst.
Slow, slow!
For the grapes' sake, if they were all,
Whose leaves already are burnt with frost,
Whose clustered fruit must else be lost-
For the grapes' sake along the wall.
viernes, 24 de septiembre de 2010
Soup de Jour / Sopa del día

Conforme pasan los años en la red, uno elabora su menú personal. Páginas de literatura y pintura, sitios lúdicos, redes sociales y demás han sido clasificados en entradas y entremeses, platos fuertes, postres y bebidas. Nuestro menú se ajusta a nuestra "ingesta calórica intelectual".
A veces, con un poco de suerte, el chef invisible que habita en los servidores del mundo nos ofrece la Soup de Jour (sopa del día). La probamos. Su sabor reconforta y sorprende.
La ilustración Soup de Jour ahora es una sopa más en mi menú virtual. Vayan y saboreen el trabajo de Kristin Tercek, una auténtica delicia.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
La Huerfanita

Algunos niños cantamos La Rueda de San Miguel, Doña Blanca, Mandundirun o Arroz con leche; otros cantaron La Huerfanita. No conocía esta ronda infantil, es un coleccionable. Va:
Pobrecita huerfanita
sin su padre ni su madre
la echaremos a la calle
a que junte la basura
siempre la recogeremos
a que llore su aventura.
¿Qué pasa?
Cuando yo tenía a mis padres
me daban mi chocolate
ahora que ya no los tengo
me dan agua del metate.
Cuando yo tenía a mis padres
me paseaba en un tren
ahora que ya no los tengo
me pasean en un sartén.
Pobrecita huerfanita
sin su padre ni su madre
la echaremos a la calle
a que junte la basura
siempre la recogeremos
a que llore su aventura.
¿Qué pasa?
domingo, 19 de septiembre de 2010
1985-2010

Hago la parada, el taxi se detiene, abordo. Vamos al centro. Inicio la conversación. Las más de las veces disfruta platicar con los taxistas, tan llenos de historias. Tomamos el Viaducto, hay un poco de tráfico, no nos sorprende. Platicamos inmersos en los carriles de metal. De repente, a lo lejos, vislumbro un centro comercial. "Se llama Parque Delta" dice el taxista. "Pero ahí estaba el Estadio de béisbol" le digo yo. "Era la morgue" replica el taxista, "no tenían que construir esa cosa ahí".
El taxista me relata su labor en ese lugar. Tras el terremoto de 1985, por azar, se une al grupo que trabajó en la identificación de cuerpos en el estadio. Su relato es espeluznante. A casi un cuarto de siglo del suceso, el hombre lleva sobre los hombros el horror y el dolor. Me dice que todavía tiene pesadillas, ya no diario, pero sí cada tercer día. El hombre trata de borrar sus lágrimas con el dorso de la mano. Detiene la unidad. Está pálido. Le digo que los hombres sí pueden llorar. Le pido que haga algo, que busque ayuda, que nadie debe cargar tanta muerte. Sólo la ciudad puede, porque es inmensa. El hombre rompe en llanto. Afuera, los rines y los cláxones.
Llego a mi destino. Me asusta descubrir la fragilidad de todos los que caminan por esa calle, de todo lo que apunta al cielo sombrío del atardecer. Me asusta mi propia fragilidad. Me llega ese olor dulzón que flotó en la ciudad hace tantos años, culpo a las alcantarillas. Dejo encerrados a los recuerdos en los edificios que ya no están, en los que sí estuve; y cuyas ausencias no logran ser remplazadas por las luces neón de ningún centro comercial.
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Como un sol entre céfiros y trinos...
1. Esta hermosa bandera perteneció al Regimiento de la Muerte, organizado por José María Cos en 1811 para luchar contra los realistas. Dicho regimiento defendió la ciudad de Zitácuaro del ataque de las tropas realistas lidereadas por Félix María Calleja. El ataque se llevó a cabo el 2 de enero de 1812; ante la superioridadde los realistas, los insurgentes tuvieron que abandonar la ciudad.Como en otras fechas festivas, los medios y su mercadotecnia terminan por convertir los festejos en metáforas muertas. A pesar de ello me empeño en decorar mi casa, y en cocinar los platillos propios de cada fecha.
Hoy, por ejemplo, no festejo por festejar. Rindo un mínimo homenaje a los personajes que en algún momento de nuestra historia llevaron su convicción hasta las últimas consecuencias. Porque he tratado, como mejor he podido, de sostener lo que pienso y de que mi hacer tenga coherencia con ello. Respeto a aquellos que lo hicieron; no podría escupir sobre sus tumbas.
2. No sé qué pensó Venustiano Carranza al elegir el mito Azteca para terminar de definir nuestro Escudo Nacional. Tal vez era un visionario y supo plasmar nuestro centralismo.Llegaron entonces allá donde se yergue el nopal, cuenta la historia que terminaría en exterminio. Me gusta creer que en la bandera ondea la cosmogonía azteca: el ave, dios solar, que devora a la serpiente, dios que se sacrifica para crear a los hombres del maíz.
Pero a ratos siento que el inconsciente colectivo percibe la derrota de un imperio aunque este sea tan ajeno a lo que somos hoy en día. Acaso llevamos sobre los hombros un vergüenza que ya no nos corresponde.

3. Hace unos días esta caricatura causo revuelo en la red. Las posturas fueron encontradas. No veo la ofensa sino el horror de la verdad que sólo los caricaturistas pueden capturar en una imagen. Este no sólo es el México de hoy, la comunión del águila y la serpiente se ha visto postergada más de una vez. Basta leer nuestra historia, querer conocerla y comprenderla.
Detrás de la Fiesta del Bicentenario, del artificio que han creado los medios, los intereses políticos y económicos, están los individuos que habitan una misma geografía.
En este país respiro. Escribo mis textos en español. Es en estas calles de México donde he conocido a gente que quiero, a gente que respeto. Cocino los platillos condimentados que elaboraba mi abuela. Celebro esto, no a un gobierno. Celebro este lugar, donde transcurren mis días soleados y mis días nublados.
Según la simbología la lucha del águila y la serpiente no es otra sino la lucha entre la vida y la muerte. Somos los peones de esa batalla, no importa en qué lugar del mundo nacimos.
De lejos estuvieron mirando al águila
su nido de variadas plumas preciosas
Plumas de pájaro azul
Plumas de pájaro rojo
lunes, 13 de septiembre de 2010
El espejo bajo el agua

Hace algunas semanas mi sueño transcurrió en una locación ya conocida: una casa. La novedada radicaba en que, en el patio trasero, existían varios cuartos llenos de trebejos. Alguien abría las puertas una a una, una especie de portera, y me mostraba los nuevos espacios. Al principio sentí desazón al imaginar cómo diablos se podría limpiar aquel mugrero; pero al detener la vista en los objetos reconocí algunos como parte de recuerdos que se han diluído. Aun los cuartos, de características varias, eran lugares en los que estuve hace muchísimos años: el comedor de un departamento, el baño de la casa de una amiga, la zotehuela de un primer piso.
Mientras la portera me indicaba que había serios problemas de filtración en todos los cuartos, descubrí un espejo. O lo que había sido un espejo pues sólo algunos fragmentos se aferraban al marco de madera ovalado tallado. Las figuras barrocas sostenían un pergamino con un texto en una caligrafía perfecta, pero en un lenguaje que no entendí. Dije: tenemos que conservar esto, es vital saber lo que está escrito aquí. Y el sueño continuó con la inspección de mis propiedades descubiertas.
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Noches después regresé a este mundo onírico. No había hecho caso de las filtraciones. La mayoría de los cuartos ahora eran inaccesibles, las entradas estaban a ras de piso, como si la tierra los engullera. Todos estaban inundados. Mas sentí alivio al descubrir el cuarto del espejo con el acceso disponible. Entré, los muros agrietados parecían fuentes y muchos objetos ya flotaban en el piso. Toda la devastación del agua se reflejo en el espejo inexistente de la pared al descubrir que la tinta había desaparecido del pergamino. Sentí un tremor, y salí. El cuarto se hundía.
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Jamás sabré qué decía aquel texto. El espejo ahora yace bajo el agua. Tengo la certeza de que todos esos objetos ahogados son recuerdos que he perdido. Los recuerdos que poseemos son sólo un puñado. Esos que evocamos una y otra vez: "estos son mis recuerdos". El tiempo y el espacio no están acompasados. Al final elegimos las mejores fotos para el álbum, las otras se quedan guardadas en cajas de cartón o de lámina en espera de la devastación del agua. Creo que los sueños las amortajan.
miércoles, 1 de septiembre de 2010
Especial de Tarot en Guardagujas (segunda parte)

Ya está en línea la segunda parte del Especial de Tarot en el suplemento Guardagujas.
En esta ocasión no sólo celebro el que mis letras estén impresas. Leo los nombres de nuevos y viejos conocidos. El número no tiene desperdicio. Vayan y lean los rostros de los arcanos.
Luces a Edilberto.
